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Reseña del libro Un doctor peculiar novela

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Un doctor peculiar novela pdfUn doctor peculiar novela pdf descargar gratis leer online JoyreadLi Hang y Xu MuqingCapítulo 1—Li Hang, no sé si recibirás mi mensaje, pero es la primera vez que te envío uno y puede que sea la última. He prometido ser tu novia, pero lo siento, tendré que faltar a mi palabra. Nos vemos en la próxima vida… El lúgubre quirófano se llenó con el eco de la temblorosa voz de Xu Muqing. Estaba congelada en la mesa de operaciones, mientras el penetrante hedor del antiséptico inundaba la atmósfera. Había pedido que su cirujano transmitiera sus palabras a Li Hang antes de ser operada del corazón. Durante innumerables intentos ella había marcado su número, pero era inútil, ya que no podía localizarlo. Llena de desesperación, Xu Muqing entró en el quirófano. El mensaje de texto, aún fresco en su mente, había puesto un ápice de expectativas en su próxima vida, ofreciéndole un atisbo de esperanza en medio de su lamentable estado. Una vez que la anestesia se asentó, cerró los ojos poco a poco mientras una única lágrima se deslizaba por su mejilla de porcelana. Sin embargo, sin que ella lo supiera, su mensaje nunca fue entregado. De hecho, no había escrito ni una sola palabra en el teléfono. Acompañando a Muqing estaba un hombre alto de fuertes facciones, que mantenía una mirada firme. El hombre había fijado su ferviente mirada en ella, que estaba inconsciente, mientras se quitaba la máscara quirúrgica, para revelar un rostro encantador. —No es necesario esperar a otra vida. He vuelto, querida —murmuró en voz baja. Li Hang se puso la mascarilla quirúrgica mientras se preparaba para comenzar el procedimiento. Reveló su habilidad y agilidad a través de los movimientos de sus manos, que hacían parecer que sus dedos bailaban bajo las lámparas quirúrgicas. Fue en ese momento cuando un silencio absoluto se apoderó del quirófano. Había no menos de diez de los mejores expertos en cardiología rodeando la mesa en observación. Entre la multitud, había muchas personas que lucían diferentes colores de pelo: negro, rubio, castaño e incluso una mezcla de negro y gris. A pesar de la gran diferencia de nacionalidades, todos los individuos tenían algo en común: eran mujeres. En el momento en que habían recibido la noticia de la operación, habían decidido abandonar todos los asuntos que tenían entre manos de inmediato, para así asistir al procedimiento de la operación. Una de ellas incluso había rechazado la invitación de la reina, tomando un vuelo desde el otro lado del mundo sin dudarlo. Todo lo sacrificaron por la oportunidad única de presenciar al prodigio médico trabajando en vivo y en directo. Tal cosa se consideraba algo honorable en la profesión; ya que todos decían que Li Hang poseía las «manos de Dios» en el campo quirúrgico. Con la misma facilidad que las «manos de Dios» podían salvar, también podían hacer lo contrario. Con esas manos, reinaría por encima de todo, amasando una riqueza comparable a la de una nación. Había puesto orden en el caótico Mar Rojo, actuando como guardián. Era venerado, adorado por muchos. Dicho eso, ¿por qué iba a aparecer el poderoso guardián del Mar Rojo en un quirófano tan insignificante? Todo se remonta a hace 16 años, cuando el hermano biológico de Li Hang perdió la vida de forma inesperada. Y lo que fue peor, poco después, su padre lo había expulsado con su madre quien estaba muy enferma. Desde entonces, habían vagado de un lado a otro antes de decidir establecerse en la provincia Ning. Tras el fallecimiento de su madre, Li Hang no tenía ningún otro lugar al que acudir y terminó durmiendo en las calles. Un día, fue perseguido por un frenético perro extraviado. Justo cuando se encontraba en su momento más sombrío y vulnerable, apareció ante él una joven con un elegante vestido de flores. Empuñando una vara improvisada en sus delgadas manos, luchó con valentía, ahuyentando al perro rabioso; y después del incidente, incluso había llevado a Li Hang a su casa. Aunque la familia de Xu Muqing no era la más rica, no había dudado en alojar a un pequeño mendigo como él. Siendo ella y su familia los que le habían devuelto las ganas de vivir. El tiempo que había pasado con esa familia había quedado en su memoria como uno de los momentos más cálidos y felices de su vida. Con cada interacción, los pequeños brotes de amor habían comenzado a florecer entre ambos. Y se habían prometido en secreto permanecer juntos el resto de sus vidas. Poco después, Li Hang había conocido a un mendigo, que pronto se convertiría en su futuro maestro. El viejo mendigo le había revelado que Xu Muqing padecía una enfermedad cardíaca congénita, lo que significaba que no pasaría de los 25 años. Esas habían sido las palabras que habían alimentado la pasión de Li Hang por estudiar medicina: Estaba decidido a salvar a su amiga, sin importar las circunstancias. Poco después, Li Hang había subido a un barco, con la intención de navegar hacia tierras lejanas con el viejo mendigo. Cuando se separaron, ella le dio su más preciada lata de chocolate. A cambio, Li Hang le había dado los datos de contacto de su difunta madre. Con ello, le recordó una y otra vez que le llamara si ocurría algo, jurando que se aseguraría de volver a su lado. Luego, se fue con el viejo mendigo a explorar el Mar Rojo. Al ser una nación rica, el Mar Rojo era una tierra muy extensa. Al mismo tiempo, era también una tierra de caos en la que la guerra podía estallar en cualquier momento. Sin embargo, en cinco años, Li Hang se abrió camino hasta la cima, enfrentándose a algunos de los más poderosos oponentes. Había logrado esa hazaña alucinante a la tierna edad de quince años. Cuando Li Hang cumplió dieciocho, había eliminado los obstáculos que se interponían en su camino. En ese momento, había establecido su estatus como el más fuerte en el Mar Rojo, imponiéndose sobre los demás, como si fuera un Dios. Desde entonces, su bisturí casi nunca ha abandonado sus manos mientras trabajaba duro para ayudar a la gente. Había tratado a los civiles y sacado a los aristócratas de las manos de la muerte. Incluso los asquerosos ricos o los presidentes de las naciones estaban sometidos a sus cambios de humor cuando habían reservado una cita con él porque necesitaban de sus habilidades. A lo largo de muchos años de práctica, se había ganado una reputación sin comparación en todo el mundo. ¡Prodigio médico! ¡Guardián del Mar Rojo! Con un pisotón, el mundo había temblado a su merced. Y ahora, ¡había vuelto! … Una suave brisa había entrado por la ventana blanca como la nieve. Acariciando a Xu Muqing con ternura, el viento había barrido las puntas de su sedoso cabello. Ella yacía en un sueño profundo. Al observarla, los labios de Li Hang se habían levantado en sus comisuras, formando una dulce sonrisa. La operación había tenido un éxito rotundo, ya que su estado de salud había recibido un alivio temporal. Al tener una cardiopatía congénita, no podía confiar en una operación para curar su enfermedad. La única manera de que pudiera fortalecer su cuerpo era sometiéndose a un programa de rehabilitación constante, lo que habría exigido que se sometiera también a una vigilancia permanente. Por eso, el guardián tendría que acompañarla en todo momento. Sin embargo, Li Hang tuvo que llevar una vida anónima, ya que su salida del Mar Rojo debía ser de alto secreto. Después de todo, cabía la posibilidad de atraer atención innecesaria si la noticia se filtrara al público. Si eso pasaba, sería Xu Muqing quien sufriría las críticas injustificadas, y podría ser vista como enemiga pública. Esa situación podría convertirse en una fuente de mucho estrés y dolores de cabeza innecesarios, en especial para ella. En conclusión, revelar su identidad dificultaría sus posibilidades de recuperación. En segundo lugar, Li Hang había regresado con otro propósito: Antes de fallecer, el viejo mendigo le había revelado su último deseo, con la esperanza de que éste le ayudara a cumplir su voluntad. Por lo tanto, hasta que no haya completado esa misión, no podía revelar su identidad. Mientras reanudaba sus cavilaciones, Li Hang sacó una lata de chocolate, la que le había acompañado durante un largo periodo de 16 años. Ese año, Xu Muqing le había regalado su preciado dulce al despedirse; esperando que esa lata sirviera para recordar la promesa que se habían hecho. Sacando un chocolate de la lata, Li Hang comenzó a metérselo en la boca, masticándolo despacio. Sus chocolates favoritos habían cambiado con el tiempo, pero la lata que los llevaba no había sido sustituida ni una sola vez. Tanto en los momentos de felicidad como en los de ansiedad, el chocolate era siempre su principal fuente de consuelo. Esa textura aterciopelada y llena de dulzura nunca había dejado de calentar las fibras de su corazón. En ese momento, no sabía si se sentía feliz o ansioso, mientras tomaba otro pedazo. La boca de Li Hang se abrió un poco mientras estiraba sus manos hacia las impecables mejillas de Xu Muqing. ¡Kacha! Las puertas de la sala se abrieron de repente, y una pareja de mediana edad entró. Un hombre estaba sentado en una silla de ruedas, mientras una mujer lo llevaba. Eran los padres de Xu Muqing. Era obvio que ella había heredado algunas de sus virtudes de sus padres. Los seguía de cerca el director del hospital privado. Hace apenas dos días, Li Hang había logrado adquirir la propiedad de ese hospital, gastando una fuerte suma de veinte millones. Y se había propuesto procurar un entorno cómodo y propicio para la rehabilitación de su prometida. El porcentaje de éxito de su operación fue de un escaso cinco por ciento. Antes de entrar en el quirófano, todo el mundo era consciente de las escasas posibilidades que tendría de sobrevivir. ¿Quién iba a saber que Li Hang sería capaz de hacer magia con su experiencia? Si no fuera por la presencia de los extraños, ¡el director se habría arrodillado ante él en el acto! «¡Debe ser Dios!», pensó. —Doctor, ¿por qué mi hija sigue dormida? —preguntó Xu Xiaoyang. Parecía frágil y desanimado. Los tumultuosos acontecimientos que se produjeron le impidieron descansar en su casa durante casi medio mes. Li Hang sintió que sus ojos se movían, mientras fijaba su mirada en las piernas del hombre. Fue capaz de diagnosticar la condición de Xu Xiaoyang con un rápido vistazo, ya que había llegado a la conclusión de que había una cura para su situación. —Hmm, debería despertar en poco tiempo. Justo cuando había hablado, un suave gemido comenzó a sonar desde la cama. —Mhmm. —¡Mi hija está despierta! —exclamó la madre de Xu Muqing, Liu Yufen, y se apresuró a su cabecera. Con sus largas pestañas temblando un poco, los ojos de Xu se habían abierto. —¿Mamá? —¡Qing, mi precioso bebé! —¡Por fin te has despertado! Gracias a la extraordinaria técnica de costura de Li Hang, Xu Muqing descubrió que no había sentido mucho dolor, al despertar. Por el contrario, nunca se había sentido con más energía. Los ojos de Xu Muqing se estrecharon hacia Li Hang. Asimismo, los ojos de Li Hang se encontraron con los suyos mientras esbozaba una sutil sonrisa. Una enorme oleada de recuerdos la recorrió al ver su sonrisa. «Esa sonrisa… me resulta familiar de una manera extraña», se percató. —Tú, tú eres… —Soy Li Hang. «¿Li…? ¿Li Hang?». Xu Muqing lo miró fijo, paralizada por el shock. —Tú… ¿Tú eres Li Hang? «¿Está… está de vuelta?»

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