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Argumento de Hechizo de amor novela

La sinopsis de Hechizo de amor novela

Hechizo de amor novela pdfHechizo de amor novela pdf descargar gratis leer online JoyreadYan Wen y Jiang LingyunCapítulo 1Eran las diez de la noche, Yan Wen estaba borracha y arrastró su cuerpo cansado de regreso a su hogar. Debido a que se iba a casar a la mañana siguiente, celebró con algunas amigas su despedida de soltera y bebió demasiado. Estaba desplomada sobre el sillón con los ojos cerrados, pero de pronto escuchó unos ruidos extraños que venían del baño. Parecía la respiración agitada de una pareja. A tientas se tambaleó para investigar, apoyándose contra la pared hasta que de repente escuchó la voz de una mujer: —¡Más rápido… más rápido! Estos vergonzosos ruidos penetraron sus tímpanos, y luego se detuvieron por completo. Se le enfrió la sangre, puesto que lo único que se escuchaba era la respiración agitada de un hombre. —No hay que despertar a Yan Wen. Vístete y te llevaré a casa —susurró con una voz ronca. —Ah, ¿te da miedo que se entere de lo nuestro? Descuida, hoy bebió muchísimo… puede que mañana te cases con ella, pero hoy eres todo mío. Jiang Lingyun apretó los labios en desaprobación y, de reojo, distinguió la silueta indistinta a través de la puerta de la ducha. Sonrió y se rio mientras pensaba: «Yan Wen, ¿no es hora de que te rindas? ¡Así, el bebé que llevo dentro podrá ser reconocido formalmente!» Afuera del baño, Yan Wen aguantó las ganas de llorar y dio unos pasos hacia atrás. Inclinada en la pared para apoyarse, apretó los puños que colgaban a sus lados al mismo tiempo que su rostro palidecía. Había renunciado a un papel estelar para dárselo a Jiang Lingyun porque ese hombre se lo había pedido. Había puesto todo su esfuerzo y recursos en promocionarla. Pero ellos… ¡ya se habían acostado! Los ruidos se prolongaron durante mucho tiempo en el baño, hasta que al fin se calmaron. Yan Wen se acostó sobre el sillón en silencio, conteniendo el punzante dolor de corazón. Al poco tiempo, Jiang Lingyun salió del brazo del hombre. Escondiéndose detrás de las cortinas, Yan Wen vio como subían juntos al auto. Sentía que su corazón se iba a romper en mil pedazos y se le llenaron de lágrimas los ojos. ¡Él le había prometido ir a la Oficina de Registro Civil con ella! ¿Qué va iba a hacer ahora? Tenía el corazón desolado y lleno de traición. Enfurecida y a la vez sufriendo, pasó una noche entera sin dormir. Al día siguiente, quería escuchar lo que Bai Zhexuan tuviera que decir, por lo que pidió un auto a la Oficina de Registro Civil, tal como lo habían acordado. Ya era la hora de la cita, sin embargo, no apareció. Ella se quedó esperando en el corredor por otra hora antes de recibir finalmente una llamada: —Wen, Jiang Lingyun se lesionó mientras le ayudaba a la chica nueva a prepararse. Voy para para allá ahora. ¡Con respecto al registro, lo haremos otro día! «Eh…… lo dijo muy natural», pensó Yan Wen, luego apretó el celular y colgó con rabia. ¡Luego de haber descubierto la verdad la noche anterior, decidió que no seguiría adelante con este matrimonio! «¿Otro día? ¡Puedes seguir soñando! Si Jiang Lingyun es más importante que los innumerables años que pasamos juntos, les deseo muchos años juntos a esta pareja de mierda», pensó y al salir del edificio, vio un auto de lujo estacionado cerca. Bajó de él un hombre alto, que caminaba en su dirección quitándose las gafas de sol. Al momento de quitárselas, parecía que el mundo se había detenido. Emitía una misteriosa pero opresiva sensación al igual que el aura de un emperador que obligaba a los campesinos a inclinarse ante él. Recordó de repente que lo había visto antes en el evento del estreno de una marca. Era el presidente de Entretenimiento Dahua, Jiang Sui-an. Quizás habían pasado dos años desde aquel entonces, pero su manera de imponerse era la misma. El traje hecho a la medida mostró una figura excelente, un cuerpo que irradiaba lo inalcanzable. —Señor presidente, aún no he logrado localizar a la Señorita Mo… ¿Llamo a alguien para que vaya a por ella? —preguntó en voz baja el asistente. —No hace falta. No voy a esperar a una mujer que ni siquiera puede llegar a tiempo a su boda. —dijo en voz baja y brilló con frialdad. —Pero se insistió en que debía casarse hoy, de lo contrario… —la voz de su asistente se volvió más suave mientras hablaba. —Te doy veinte minutos. Encuentra una mujer al azar —ordenó sin dudarlo. «¿Al azar?», la mirada de Yan Wen se movió. Jiang Sui-an tenía que casarse con una mujer al azar y ella, ante la traición de su prometido, necesitaba también un hombre al que atarse. ¡Eso sería una bofetada para Bai Zhexuan! Quería decirle que, incluso sin él, podía encontrar un mejor hombre. ¡Haría que se arrepintiera! Se decidió y se acercó rápido. —Presidente Jiang, si no encuentra una esposa, ¿tal vez pueda considerarme? Me llamo Yan Wen. El tiempo se detuvo cuando Jiang Sui-an alzó las cejas, contemplando la delgada figura que tenía enfrente.

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