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Una pareja disfrazada novela – Sinopsis:

Una pareja disfrazada novela pdfUna pareja disfrazada novela pdf descargar gratis leer online JoyreadCamila CastilloCapítulo 1Camila Castillo se sentó frente al tocador mientras esperaba pacientemente a que la maquilladora entrara. De repente, la puerta se abrió de un empujón y Sara Arias se apresuró a entrar. Cuando vio el pelo desordenado de Camila y que seguía con un simple vestido de entre casa, la reprendió: —La familia Santillán está aquí. ¿Por qué no te has cambiado de ropa? Camila se subió las gafas negras que llevaba mientras miraba a su madre con los ojos medio cerrados: —Mamá, ¿de verdad quieres que me case con el prometido de mi hermana? Sara pensó que su hija se lo estaba pensando mejor y su rostro palideció al instante. La gente de la familia Santillán ya estaba esperando. ¡Un pequeño error podría arruinar a la familia Castillo! Presa del pánico, se arrodilló frente a su hija y le dijo: —Camila, te lo ruego. Tu hermana se merece algo mejor. Por favor, ayúdala. Los ojos sin vida de Camila se volvieron fríos. Aunque Sara era su madre biológica, su amor era solo para los hijos de la difunta exmujer de su marido. Era por eso por lo que quería que sustituyera a su hermana para casarse con ese hombre, aunque sabía que el prometido de su hermana era feo e impotente. La criada detrás de la puerta llamó con urgencia. —Señora Sara, joven Camila, la familia Santillán está subiendo. En lugar de ayudar a Sara a levantarse, Camila dijo: —Levántate. Me voy. Esta vez, estaba decepcionada de verdad. Abrió la puerta y vio fuera a varios guardaespaldas desconocidos. Esa gente había ido ahí para llevarla a la casa de la familia Santillán. Se casaba, pero no había boda ni novio. —Vamos. —Se adelantó a ellos y bajó las escaleras. La familia Santillán era una familia rica de la ciudad Las Perlas. El único heredero de la familia era Pablo Santillán, pero había sido secuestrado hace más de diez años y había regresado desfigurado e impotente. Desde entonces, nunca había mostrado su rostro en público. Se rumoreaba que era violento, cruel, feo y temible; ninguna mujer que entraba en su habitación salía viva. Su decepción era más fuerte que su miedo. Ni siquiera le importaba si Pablo era el mismísimo diablo. … Una vez que llegaron a la residencia de Pablo, los guardaespaldas la llevaron a la habitación y se marcharon. Recién al atardecer, la puerta de la habitación volvió a abrirse. Camila se giró para ver a un hombre alto que entraba por la puerta. La cerró y encendió las luces; la habitación se iluminó de repente y Camila se cubrió los ojos con las manos. Cuando se acostumbró a la luminosidad, levantó la cabeza para mirar al hombre. Lo que vio la dejó atónita: No porque el hombre fuera horrible, sino porque era demasiado atractivo. El traje oscuro que llevaba se ajustaba bien a su musculosa figura. Sus largas piernas lo llevaron frente a ella con apenas unas zancadas. Tenía unos rasgos faciales perfectos, como si fuera una estatua tallada por los mejores artistas del mundo. Parecía hermoso, pero había una sensación de opresión cuando ella lo miraba. Pablo la miró durante unos segundos antes de fruncir las cejas con consternación. —Eres muy fea. —Su tono era seco, no pudo descifrar ninguna emoción en él. Camila volvió a sus cabales. No le importó que dijera que era fea. Se limitó a mirarle con ojos recelosos y le preguntó: —¿Quién eres? Sus oscuros iris la miraron con dureza y su voz fue grave cuando preguntó: —¿No sabes con quién te vas a casar? Se inclinó hacia ella. El aire fresco y frío que traía consigo le produjo un escalofrío. Su presencia la estresaba y contenía la respiración con miedo. Aun así, enderezó la espalda y dijo: —Por supuesto que lo sé: me voy a casar con Pablo Santillán. Cuando el hombre escuchó sus palabras, se relajó un poco y su mirada se suavizó. Parecía que era otra mujer que creía en los rumores. Parecía demasiado tranquila para alguien que se casaría con un hombre «feo e impotente». Su tranquilidad e indiferencia despertaron el interés de él. La comisura de sus labios se volvió hacia arriba y dijo en tono burlón: —Soy el primo menor de Pablo, Javier Santillán. Estoy seguro de que no quieres quedarte con un discapacitado en la noche de tu boda —mintió sobre su identidad.

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