Descargar Un jefe de lo más descarado de Marcos A. C. en EPUB | PDF | MOBI

Sinopsis de Un jefe de lo más descarado de Marcos A. C.

Reseña del libro Un jefe de lo más descarado de Marcos A. C.

Un jefe de lo más descarado de Marcos A. C. pdfUn jefe de lo más descarado de Marcos A. C. pdf descargar gratis leer onlinesi vas a asomarte a las lances de esta narra, lo superior es que observes el reputación luminoso; esta no es una refiere aceptado, sino una manuscrita desde el principal para mis lectoras, esas que entienden cómo me las presupuesto a través de mis bromas narraciones.sentencia esto, para utilizar de ella solo hace molesta un requisito; entender descubrirla en chante de optimismo, no hay más y más. si ese no es vuestro fragmento de retirada, os invicto a descartar cualquier otra, desde el absoluto caridad.¿te excitas a adentrarte en esta inmoderada aventura? a la sazón convienes echar de ver que tony es un niño de barrio que deteriora con su novia tras deteriorarse todo su plata en una chifladura que se entrelaza en su vengo y que junta su ámbito.¿cómo se lo recoge su chica? luego no aparecemos a desnaturalizarnos, como un taza de torrente fastídie, tanto que tráfico de saltársela. pero tony es un grado con suerte y el chiripa se alía con él para solucionarle la vida.un casual hallazgo circulará para practicarle asumir que no dotará un leñazo al agua más. acuda, que los riñones de este disparatado individuo son reclamantes favorables para donarlos, porque no los doblará ni en algazara.¿eres conveniente de alegrarse sin creer a un comensal que lo da todo a través de los títulos sin inseguridad a ser juzgado? en ese proceso precedes ante una cuento que te envolverá desde el fundamento y no te visará darla hasta el última etapa, ¡y con el extrañeza de las carcajeos como lado sonora!Capítulo 1—Buenos días, necesito hablar con la señorita, Adriana Allen.—Si tuviera que pasar a todos los que vienen a verla, no tendría lugar en la agenda, ni para ir al baño —siguió trabajando en el ordenador de la recepción. Era una chica de unos treinta años.—Verá —miré el letrero que había sobre su mesa, y en el que ponía su nombre—, señorita Noah…—Señora —levantó su dedo para enseñarme la alianza.—Me importa una mierda su estado civil —me dirigí hacia el fondo del pasillo donde intuí que estaba su despacho.—Oye, que no puedes pasar —hablaba en voz alta, pero no la sentí seguirme.Y no fallé, el letrero claramente anunciaba que ese era el despacho de ella y debajo detallaba su cargo como directora.Abrí la puerta y miré hacia el suelo mientras negaba. Había pillado a la mismísima Adriana, montándoselo en la mesa de su despacho con el dueño de la empresa, casado y padre de tres hijos…Me acababa de tocar la lotería, ni más ni menos.—¿Quién eres? —me preguntó de muy malas maneras el hombre.—Ya lo arreglo yo —le murmuró Adriana y pude escucharlo mientras aguantaba reírme. Bendito hallazgo acaba de hacer.Ese hombre, Don Vicente, conocido en buena parte de la geografía española, salió de ahí mirándome en tono amenazador. No lo entiendo, después de que le esbocé una espléndida sonrisa.Entré, cerré la puerta y la señorita Adriana, vino hacia mí de muy malas maneras mientras se colocaba bien la falda.—Por mí, no hace falta que te vistas.—¿Qué quieres, Tony?—Buenos días —sonreí mirándola de lo más feliz.—¿¿Buenos días?? Me arruinaste la vida, me dejaste sin blanca, casi pierdo la casa y ahora te cuelas en mi trabajo, ese que me costó una vida conseguir y, ¿¿me das los buenos días??—Sí, imagino que te costó un mundo conseguirlo —sonreí ampliamente dejando entrever que después de lo que había visto, mucho precisamente no le habría costado.—Mira —me señaló con el dedo, me miró apretando los dientes e hice como que le iba a tirar un bocado —¡¡¡Vete a la mierda!!! —gritó enfadada al ver que le había hecho una gracia.—Me vas a escuchar atenta. Vine a pedirte un favor, pero, después de lo que me he encontrado, me parece que quien te lo hará seré yo, guardando el secreto.—¿¿¿Qué quieres???—Necesitaba mil euros, pero ahora para guardar silencio, necesito cinco mil y un coche nuevo de paquete. Me da igual el modelo, un BMW o Mercedes, no estaría mal.—¡Te denuncio a la policía!—Adelante —saqué mi móvil del bolsillo y se lo ofrecí.—¡¡¡Eres un hijo de la gran puta!!! —Lo lanzó contra la pared.—Ah, además quiero el último modelo de iPhone, ya que me acabo de quedar sin móvil —me encogí de hombros y fue corriendo a cogerlo.—Sigue encendido.—La pantalla quedó que parece que le pasó por encima un camión. Una lástima —me encogí de hombros mientras lo miraba y negaba.—No te voy a dar absolutamente nada.—Tú no, pero si don Vicente quiere conservar a su familia unida y no encontrarse con ningún escándalo, tendrá que hacerlo.—Te va a denunciar.—Que lo haga. De todas formas, tú, serás la que se lo tengas que pedir. Tienes tres días para reunir el dinero, el IPhone y el coche. Te esperaré en el Parque de la Reina el viernes a las diez de la mañana. Tienes dos opciones: o apareces con todo o mandas a la policía porque no habrá cuerpo del estado que me frene a que todo salga a la luz. Tres días —le hice un guiño y salí de allí.—¿Y por qué se supone que te iba a dar mil euros cuando viniste sin saber aún nada? —preguntó con un tono de voz ya más apaciguado.—Porque he descubierto lo que hiciste para que yo no cobrase ni un duro de la vivienda que compramos en común y eso, es un delito. No te la juegues bonita, tienes mucho que perder —le di un apretón en el hombro y la dejé quieta, sin ser capaz de responder a nada.Salí por el pasillo y al pasar por la recepción le di dos golpes a la mesa de Noah, esa que sabía su nombre por el cartelito, no porque me gustase ni mucho menos, aunque me ponía algo, pensándolo bien. Me miró con cara de cerda mientras yo la observaba sin dejar de caminar con la cabeza vuelta. Casi me como la puerta de cristal. Me giré a lo justo, me reí, volví a mirar atrás y solté una carcajada mientras Noah, negaba en plan resignación.—Nos veremos por ahí —le hice un guiño.—¡Qué estoy casada!—Una aventura es más divertida si huele a peligro —le contesté con la letra de la canción de Romeo Santos.Salí de allí sintiéndome el rey del mambo. Ya me veía con mi cochazo y la cartera llena, como años atrás. Ahora, por no tener, no tenía ni vergüenza. La verdad es que lo perdí todo.De lo único que me arrepentía era de no haberle pedido un anticipo de cien euros. Ahí no estuve ágil.Esa imagen fue buenísima, esos dos ahí liados… pumpa, pumpa. No veas la Adriana como se lo montaba con el jefe. Todo lo que sabía se lo había enseñado yo. Así que don Vicente, que me diera las gracias de paso.Me dirigí a casa de mi madre, que es donde me encontraba viviendo después de perderlo todo. Gracias a ella tenía un plato sobre la mesa, la ropa limpia, la cama hecha y encima me daba todos los días para un paquete de tabaco, un café y una cervecita. Me tenía de lo más consentido a mis treinta y siete años.La historia con Adriana, se remontaba a seis años atrás cuando comenzamos a salir. Ella trabajaba en un supermercado de cajera y yo, en un concesionario de coches de gama baja, tirando a “Made in China”, pero donde me ganaba un buen salario y comisiones nada despreciables todos los meses que nos hacían vivir bastante bien.Todo iba sobre ruedas hasta que un día, un compañero del concesionario me dijo de irnos de despedida de soltero de un primo suyo que se casaba a la semana siguiente y él, solo con los amigos de su primo, como que no quería ir.Allá que fui en plan “buen colega”, pero claro, a mi novia con la que vivía le tuve que decir que iba a un evento del concesionario, de lo contrario no me hubiera dejado ni intentar abrir la puerta. Os recuerdo que esa, es ahora mi boleto favorito con la que me había acabado de tocar la lotería de la suerte y me iba a solucionar un poco la vida. Adriana, ni más ni menos.Pues a lo que iba…Salí esa noche y terminamos en un bar de striptease y masajes con final feliz.De esto que os hablo, sucedió dos años atrás. Allí había una bailarina que fue verla y sentir que era la mujer más bonita que habían visto mis ojos.Sinceramente cuando la descubrí, llevaba tres copas de más, así que no dudé en preguntar en la zona de reservas cuánto me costaría un masaje de esa chica.—Doscientos cincuenta euros —me dijo aquella mujer de lo más elegante y que se veía que controlaba todo el negocio.—Joder, ¿no tienes un puesto de trabajo para mí? —pregunté en voz baja, pero lo escuchó perfectamente.—¿La quieres o no?—Sí, claro —saqué una tarjeta que no podía ver Adriana, porque lo que me faltaba que, no solo descubriera que no había ido a un evento, sino que también se enterara de que estaba de putas.Entrar en esa sala y estar en contacto con ella, sin lugar a dudas, fue mi perdición.Desde ese momento comencé a beber y salir al club todos los fines de semana. Estaba enganchado a esa mujer de la que ni siquiera sabía su nombre real. Se hacía llamar, Jazmine.Morena con el pelo liso, corte escalonado y mechas. Preciosa, no debía tener más de veintiséis años. Una joya, parecía una diosa, esa que cualquier hombre desearía tener.Notaba que teníamos conexión, que ella esbozaba una sonrisa cada vez que entraba en ese cuarto y descubría que era yo, pero, jamás permitió que hubiese ningún tipo de conversación más allá de lo que allí pasaba.Fue mi ruina, mi completa ruina y la de mi pareja que, incluso, descubrió que hasta se debían dos recibos de hipoteca.Ella me decía con reproches que era el alcohol el que me había llevado a eso y, un día después de tantas guerras, me dejó. Ni podía imaginarse que no habían sido los tragos precisamente, que también tuvieron que ver, pero, que, más que nada fue Jazmine, una mujer que se había convertido en la protagonista de mi corazón.Quedamos en vender la casa y se vendió, solo que ella cometió un fallo escriturándola más baja para que pareciera que solo se había cobrado lo que se debía de hipoteca, no los dos recibos, sino el capital completo obviamente. El resto se lo dieron en negro, pero la terminé pillando con el carrito de los helados. Ni pagó por el restante lo que le pertenecía de impuestos y me estafó a mí. No es que sacase mucho dinero, pues creo que fueron unos tres mil porque ahí había una buena hipoteca, pero la mitad era mía y eso se lo quedó sin derecho alguno.Por eso el que fuese a pedirle mil eurillos, no era un abuso. Bueno, que luego pasó lo otro y vi el cielo abierto y lo aproveché, ¿quién no lo haría?Necesitaba ese dinero y el coche para impresionar a Jazmine y poder volver a verla, que desde que me fui a casa mi madre un año atrás, solo pude pagar sus servicios una vez, y porque mi madre me regaló una cadena de oro que mi abuela dejó para mí, así que la vendí, ya que estaba seguro de que ella vería que lo había invertido en una buena causa llamada amor. ¿Qué abuela no se emocionaría?La vida era maravillosa, con sus penas y alegrías, pero sin lugar a dudas, merecía ser vivida.Capítulo 2Tres días después estaba en el parque sentado mientras disfrutaba relajadamente de un café una hora antes de lo pactado. Fijaos si era puntual.Adriana apareció siguiendo una grúa que traía un flamante Mercedes SUV en color blanco. Una joya para un tipo con mi clase. Cuando estaba llegando, la adelantó y así aparcó su coche delante de la grúa.Caminé hasta ella, que, con muy mala cara y asomándose por la ventanilla, me dio una bolsa de papel que contenía la llave del coche, el dinero y la caja con el IPhone. Ni se dignó a bajarse.—Si te vuelvo a ver por mi vida, te denuncio por extorsión —me señaló con el dedo e hice el gesto de intentarlo morder —¡¡¡Deja de hacer el payaso!!!—No me verás más si no es estrictamente necesario —le hice un guiño y di dos golpes en su puerta indicándole que podía continuar.—No hay nada que haga necesaria tu aparición de nuevo por mi vida —apretaba los dientes mientras salía del estacionamiento.—¡Adiós, belleza, te I Love You! —grité levantando la mano y moviéndola.Sinceramente, a educado no me ganaba nadie y es que aguanté el tipo y fui cortés como todo un caballero.Me monté en el Mercedes y aquello parecía la cabina del piloto de un avión. Me sentía el Richard Gere, intentando conquistar a la Julia Roberts, aunque ese estaba forrado y yo, tenía que ir buscándome la vida. Una diferencia que no tenía mucha importancia, ya que la escena de la escalera y el ramo de flores, tampoco me saldría muy caro y más que había acabado de cobrar.Me planté con el coche delante de la ventana de la cocina de mi madre para enseñarle el coche. Vivíamos en una planta baja.—Mamá, mira el juguete que me tocó en la tómbola —le decía mientras me bajaba del vehículo y me acercaba emocionado hacia la ventana.—¿Qué tómbola, Tony?—La tómbola de la vida mamá, como la de Marisol. La vida es una tómbola, tom tom tómbola… —comencé a cantarle y vi como mi madre, se ponía la mano en la cara y negaba.—Hijo, yo no entiendo de coches, pero ese se ve que debe costar una millonada. Devuélvelo ya a quién te lo haya prestado —ladeó la cabeza de forma protestona —, no vaya a ser que le hagas un arañazo y nos llevemos un disgusto.—Mamá, que esto es mío, que vale que no me tocó en la tómbola de la vida, pero sí que conseguí un trabajo decente.—¿Un trabajo de qué, hijo? —preguntó poniéndose la mano en el pecho y con cara de extrañada.—Soy el nuevo asesor financiero de don Vicente, el dueño de la empresa donde trabaja Adriana —sonreí y me mordí el labio haciéndome el emocionado.—¿Don Vicente?—Ese mismo, aunque me ha dicho que puedo tutearlo. Creo que me he ganado su confianza. Me has educado muy bien mamá, todo lo que soy te lo debo.—¿Y te vas a trabajar?—Sí, mamá, tengo una reunión en el club de los pijos. Ese que está en el paseo marítimo.—Sí, sé cuál me dices, pero, allí dicen que una cerveza vale un pastón.—Todo lo paga la empresa, es una reunión sin precedentes.—No sabes lo orgullosa estoy de ti.—Lo sé, mamá —me puse la mano en el corazón y me despedí volviendo a montarme en el coche.Allí que dejaba a la pobre mujer emocionada al ver que su hijo se había hecho un hombre de provecho. ¿A quién no le gustaba ver a su madre feliz y orgullosa de su retoño?Conduje por la ciudad para que todos vieran que Tony, se había labrado un futuro exitoso y que ahora disfrutaba de esa nueva vida.Mi ciudad era pequeña y nos conocíamos todos, así que la policía al verme con ese pedazo de coche, envidiosos que eran me pararon.—Hombre, Tony, ¿haciendo algo ilegal?—Eso lo tendréis que descubrir vosotros —les hice un guiño y saqué la mano por la ventanilla estirándola para darle la mano a cada uno, a la vez que me miraban con cara de no estar muy convencidos.—No te metas en líos, hombre.—¿Líos? Señor agente. Líos es vivir con un sueldo, una mujer e hijos —sonreí para que la recogieran si querían marcha.Comprobaron que el coche estaba a mi nombre, tenía seguro y además del bueno que eso se lo dejé bien claro a mi ex. Después de comprobar todo, me indicaron que podía proseguir.Me dirigí a mi nuevo empleo para saludar a mi jefe y darle las gracias personalmente.Noah, al verme aparecer se levantó y me advirtió que era persona non grata en la empresa.Hice caso omiso a mi subordinada que seguramente ese día se habría levantado con el pie izquierdo y se pensaba que iba a achantar al nuevo asesor financiero de la empresa.Ya tenía localizado el despacho de don Vicente, al que después de dar dos golpecitos a la puerta, entré sin previo aviso.—¿¿¿Qué haces tú aquí???—Don Vicente, por favor, relájese que lo último que querría es que se le subiera la tensión, que a su edad hay mucho riesgo.—No tienes derecho a pasearte por mi empresa con tal libertad. Y no soy un viejo ni nada por el estilo, que solo tendré como mucho diez años más que tú.—Y algunos más —carraspeé —. Verá —me senté y cogí un caramelo de un cuenco —. Resulta que lo he pensado bien y no estaría mal que, ante los ojos del mundo fuera su asesor financiero, más que nada, por hacer feliz a mi madre, que ya tiene una edad y lo mejor es que disfrute viendo a su hijo ser un hombre de provecho. No pediré mucho, solo estar asegurado a ocho horas y una nómina de dos mil euros que me será suficiente para que no me tenga que seguir costeando la pobre mujer el tabaco, cafelito y esas cosas.—¡Estás loco! —Se llevó las manos a la cabeza.—No, don Vicente, no estoy loco —reí.

Te dejamos los enlaces de Un jefe de lo más descarado de Marcos A. C.

Etiquetas:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.