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Cual es el argumento de Mentiras piadosas novela

Reseña literaria de Mentiras piadosas novela

Mentiras piadosas novela pdfMentiras piadosas novela pdf gratis descargar leer online joyreadContemporáneo
Amor después del matrimonio
Venganza
Desenlace feliz
Contraataque
Mimada
Ricos
Belleza inusual
Mujer súper poderosa
Mosquita muertaCapítulo 1En la casa de la familia Blancarte estaba sentada una mujer hermosa y de apariencia inocente, llamada Daniela Llamas. Vestida en un exquisito vestido, jugueteaba con el set de té que estaba en la mesa de café, tomó una de las tazas y la empujó con torpeza hacia la persona que estaba sentada del lado contrario. ―T-toma algo de t-té ―tartamudeó, mientras que la saliva caía por la esquina de su boca, aunque quizá lo más llamativo de ella eran las cicatrices que cruzaban por su cara. ―¿Él me está obligando a casarme con una tonta para así demostrar su gratitud? ―mencionó Maximiliano Blancarte. Ignoró a la mujer infantil que estaba ante él mientras que hojeaba el reporte de esta, luego lo hizo para un lado y su humor cambio a uno más amargado. Su expresión se tensó más al ver el resultado de su coeficiente intelectual: «CI = 50». Maximiliano no pudo negar que su apariencia era por completo incomparable, aunque la vista de su baba cayendo era poco atractiva. ―El señor Blancarte dijo que la señorita Daniela salvó su vida, así que… ―explicó Jaime Guardado, el mayordomo; no obstante, se detuvo a media oración. Hacía un mes, el abuelo de Maximiliano, Mauricio, se había perdido en las montañas durante un peregrinaje ancestral, por lo que los Blancarte pasaron demasiados días buscándolo en vano. Justo cuando la situación parecía extrema, Mauricio fue llevado a casa por una jovencita, sano y salvo, ella era nada más y nada menos que Daniela llamas. ―¿Y qué? ¿Está ofreciendo la mano de su nieto en matrimonio como agradecimiento? ―cuestionó Maximiliano, manteniendo su comportamiento frío mientras que se levantaba del sofá, pues no podía molestarse ni para voltear a ver a Daniela―. Sácala de aquí ―ordenó. ―Señor Maximiliano, p-pero la señorita Llamas ya está casada con usted ―mencionó Jaime al mismo tiempo que sacaba el maldito certificado de matrimonio. Mauricio esperaba que Maximiliano se opusiera, por lo que hizo dicho certificado de forma preventiva, para así evitar que su hijo protestara. La sala se quedó en un silencio inquietante con la revelación de Jaime, por lo que Maximiliano arrebató con furia la pieza de papel que yacía en las manos del otro para verlo, deseando poder hacerlo pedazos y deshacer así el matrimonio. Mientras tanto, Jaime solo pudo agachar la cabeza sin pronunciar palabra alguna; como un implacable y prominente hombre de negocios, era normal que la vida privada de Maximiliano estuviera rodeada de los chismes del público y más que nada de los rumores sobre la razón de su soltería a los treinta y dos años. En un intento para invalidar dichos rumores de una vez por todas, Mauricio forzó a Maximiliano a casarse, pero nadie esperaba que lo hiciera con una mujer que tiene problemas mentales. ―Si no quieres té, ¿qué tal una paleta? Justo después, Daniela se levantó de pronto de donde estaba sentada y se acercó a Maximiliano, lo miró con ojos de perrito, sosteniendo una paleta como una oferta de paz. En el momento en que sus miradas se encontraron, él sintió como toda su piel se ponía de gallina y su germofobia estalló, por lo que de inmediato agarró la mano que ella tenía extendida antes de que su paleta pegajosa tocara su ropa. ―¿Por qué te quedas ahí sin hacer nada? ¡Llévatela de aquí! ¡Limpia esto! ―le gritó a Jaime sin hacerle caso a Daniela; sin embargo, antes de que pudiera moverse, Daniela empezó a llorar y se colgó de su brazo como una lampa. ―Maridito, ¿por qué me odias? ¡Solo quiero darte de comer una paleta! ―exclamó con las lágrimas cayendo sobre sus mejillas mientras se lamentaba. Un segundo después, se limpió las lágrimas y los mocos en el traje de Maximiliano, por lo que este la miró fijo sin decir palabra alguna, mientras que Jaime intentaba aguantarse la risa―. Maridito, ¡no me saques de aquí! ¡Prometo ser buena niña y hacerte caso! De alguna extraña manera, los brazos de Daniela eran muy fuertes para su corta estatura y Maximiliano estaba atónito al mismo tiempo que no era capaz de arrancarle los brazos. De hecho, sus brazos empezaron a acalambrarse por el esfuerzo y su horrible cariño causó que su ceño fruncido se hiciera más profundo.

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