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De que tema va Lo que fuera por ti 2 de Sophie Saint Rose

Reseña del libro Lo que fuera por ti 2 de Sophie Saint Rose

Esta es Lo que fuera por ti 2 de Sophie Saint Rose pdfLo que fuera por ti 2 de Sophie Saint Rose pdf descargar gratis leer onlineLlega la historia de Sara…Sinopsis de “Lo que fuera por ti 2”Sara es una ofrenda del talento y por una contingencia del hado conoce al enamoramiento de su energía en su mismo inmueble. Vive justo al costado y desde que pone sus faroles en él, sabe que no habrá ninguno más para ella. Y consigue enamorarle, poco que en sí es un auténtico fenómeno porque son como el trayecto y la sombra. Todo lo que tiene ella de catástrofe, lo tiene él de dialéctico y organizado. Pero es suyo y al amén van a casarse. Será el plazo más feliz de su fuerza. Igual sí que tenía que haber asalariado a una coordinadora de eventos…Capítulo 1Sara se volvió para mirarse al espejo y sonrió.—Estás preciosa, hija —dijo su madre llorando a moco tendido—. Y el peinado es maravilloso.—¿No crees que es demasiado hippy? —preguntó algo insegura repasando las intrincadas trenzas en su cabello pelirrojo.—Eres tú. Y el vestido es un reflejo de ti misma.Acarició el encaje que caía desde debajo de su pecho hasta los pies. Sonrió al ver las manoletinas forradas con la misma tela. Iba a vérsela muy bajita al lado de Michael, pero él sabía que no soportaba los tacones. —Voy a casarme.—Sí, es un auténtico milagro —dijo su amiga Judith a punto de reírse—. ¿Quién te iba a decir que ibas a pillar al vecino de al lado?—Era su única opción ya que no sale de casa —apuntilló su prima Steffany revisándose en el espejo.—Qué suerte, qué suerte ha tenido mi niña.—Tía, no es suerte. Suerte es que te toque la lotería. Esto ha sido el destino —dijo cantarina burlándose de ella.Gruñó fulminándola con sus ojos ambarinos y pegándole un empujón que a su prima la hizo reír. —Serás envidiosa, capulla.—Pues sí, porque está para comérselo y estoy a dieta desde hace meses. —Se miró al espejo de nuevo y apartó un mechón negro para colocarlo detrás de su oreja. —Michael Grifford, es que es para matarte. ¡Si no sabes nada de finanzas!Meredith sonrió orgullosa adorando a su niña con la mirada. —Eso no es importante.—Él me quiere por muchas otras cosas —dijo divertida.Steffany sonrió cogiendo sus manos. —Claro que sí porque eres la mejor, pero eso no implica que no me corroa la envidia.Sabiendo que era mentira la abrazó. —Estoy asustada —susurró.—¿Pero feliz?—Nunca he sido más feliz.—Pues venga, que no querrás que se quede sin uñas —dijo Judith levantándose y mostrando el vestido de dama de honor. Su madre hizo una mueca viendo el estampado estridente que había elegido antes de volver la vista hacia su prima y suspirar. Iba a ser un cortejo nupcial de lo más variopinto.Sara reprimió la risa por su expresión. —Tranquila mamá, cuando estén todas juntas tendrá sentido. Ya verás, formarán una imagen. Es que faltan algunas en medio.—Más te vale. Con lo pija que es su familia, quiero que salga todo muy bien.—No son tan pijos. —Por sus caras era evidente que había dicho un disparate gordísimo y suspiró dejando caer los hombros. —No pegamos nada, ¿verdad?—¿Tú le quieres? —preguntó Judith.—Con toda el alma.—Pues lo demás tiene que importarte un pito. Que les den. Es el día de tu boda, vamos a divertirnos.—Eso es, amiga. —Steffany le puso delante su ramo que se lo había hecho un amigo suyo experto en artes plásticas. Sus flores parecían hechas con pintura que se derretían y las gotas caían con distintos colores. A ella le había encantado, pero seguro que a su suegra le horrorizaba. Bueno, ahora ya estaba decidido y no había marcha atrás porque no se desprendería de su hombre ni con agua caliente. Ya se camelaría a su suegra. Seguro que el cuadro que le estaba haciendo le encantaba porque otra cosa no, pero adoraba el arte y sabía que apreciaba muchísimo su trabajo. Eso era un punto a su favor que pensaba explotar y sabía que al final se la ganaría. Ella no se llevaba mal con nadie.—Uy, es tardísimo —dijo Meredith yendo hacia la puerta del apartamento. Cuando la abrió allí estaba Michael a punto de llamar, guapísimo con su traje gris y su rosa violeta en el ojal.—¿Pero qué haces aquí? —preguntó la novia porque ya tenía que estar en la iglesia.—Preciosa, no tengo coche. —Levantó una ceja divertido.—¿Cómo no vas a tener coche si lo encargué…? —Su voz fue desapareciendo poco a poco. —Porque lo encargué, ¿no?Sus amigas rieron por lo bajo.—Sara, ¿estás segura de que nos casamos hoy?—Muy gracioso. —Se acercó y le dio un suave beso en los labios.—Por esto quería que tuviéramos una organizadora de bodas —dijeron los dos a la vez. Michael se echó a reír—. Me lees el pensamiento, preciosa.—Es que te conozco muy bien. Y sobre lo de la organizadora no hubiera sido especial.—Pues esto empieza muy bien —dijo comiéndosela con los ojos—. Estás tan hermosa que quitas el aliento, futura señora Grifford. —Besó sus labios suavemente y todas suspiraron.—Te quiero.—No tanto como yo a ti. —Sus ojos verdes la miraron como si fuera suya y cogió su mano tirando de ella fuera del apartamento—¿Aun después de lo del coche?—Son despistes a los que ya me he acostumbrado.Sonrió radiante. —Tú también tienes lo tuyo, ¿sabes?—No, soy perfecto. Pregúntaselo a mi madre. —Todas gruñeron entrando en el ascensor y Michael se echó a reír.Cuando llegaron abajo tampoco estaba la limusina azul cielo que se suponía que la llevaría a la Iglesia.—Hija…Gimió porque aquello empezaba a pintar fatal y se sonrojó con fuerza. —No sé lo que ha pasado.—No pasa nada, iremos en taxi. —Michael levantó la mano y sus amigas la miraron como si fuera un desastre.—Es un ángel —dijo Steffany—. Qué mono. —Sus ojos bajaron hasta su duro trasero. —Muy mono.—¡Oye, que es mío! —exclamó dándole un codazo.Michael se volvió y las cuatro sonrieron inocentes. Él respondió a su sonrisa antes de llamar a otro taxi. —Yo iré en el primero para llegar antes. Vosotras dar una vuelta y retrasaros unos minutos. —Le dio un rápido beso a Sara en los labios y se subió a su coche a toda prisa.—¡Voy contigo! —gritó Judith—. En el otro no hay sitio para las cuatro.—Muy bien, vamos —dijo él dejándole espacio.—Vamos, vamos… —dijo su madre—. Cuidado al entrar con su vestido, no rasguéis el encaje que es muy delicado y romper el vestido trae muy mal fario.—Mamá, todo está bien.—Eso ya lo veremos.—¿Qué has dicho?Su madre se hizo la loca. —A la Iglesia de Santo Tomás de la Quinta Avenida.—Uy tía, se te ha caído un poco la flor del pelo.—Arréglalo —dijo histérica—. Tengo que estar perfecta.—Mamá relájate.Su prima colocó la flor verde que llevaba en su cabello pelirrojo intenso. Esta vez se había pasado con el color del tinte, pero no pensaba decir ni pío. Sara se inclinó hacia delante. —¿Puede dar una vuelta no vaya a ser que lleguemos antes que el novio?—Por supuesto.—Gracias.—Qué nervios, qué nervios. Hija habrás hablado con el cura, ¿no? —Sara volvió la cabeza hacia ella demostrando que su comentario no le había gustado un pelo. —Era por saber…—Claro que sí, mamá. Estuve ayer mismo con él aguantando el tostón que me soltó sobre lo importante que era el sacramento del matrimonio.—Pues eso es lo más importante. Que haya cura.Estaba claro que pensaban que Michael podía arrepentirse en cualquier momento. —Me quiere, ¿sabéis? Con locura.—Sí, claro que sí —dijeron en coro como si hablaran con una loca.—¡Qué si me quiere! ¡Y vamos a ser muy felices juntos!—Prima, ¿estás nerviosa?—Me ponéis vosotras, yo estaba muy tranquila.—Uy, qué mentira…—¿Sabes lo que tienes que hacer?—Sí, colocar las damas de honor para que se vea la imagen en los vestidos. —Le puso la palma de la mano delante. —¿Ves? Aquí están todas apuntadas por orden.Lo tenía tan cerca que no veía nada y cuando entrecerró los ojos su prima apartó la mano. —Así que relájate.El taxista empezó a dar vueltas a lo tonto. —Ya está bien, puede ir a la iglesia —dijo muy nerviosa.—Enseguida llegamos —dijo su prima intentando calmarla.Se mantuvo en silencio apretando el ramo entre sus manos pensando lo que diría su suegra al ver a su hijo y a la novia bajar de un taxi. Nada bueno, seguro. La pondría verde y criticaría la flor de color que llevaba su hijo en la solapa como todo lo demás. Había que ser realista, no la tragaba e intentaba meter mierda en su relación cada vez que podía. Lo de los coches había sido una metedura de pata que todavía no entendía. Ella se había organizado apuntándolo todo. Estaba claro que algún papelito se le había despistado. El taxi se detuvo ante la iglesia y vio a un montón de invitados que no conocía de nada. Todos vestidos muy pijos, y eso hacía destacar a sus amigos que más de sport estaban a un lado. Gimió al ver el pelo violeta de Jeremy que iba vestido como cualquier otro día con unos vaqueros viejos y rotos. Eso sin mencionar la camiseta que estaba para tirar, le iba a matar. Entonces se dio cuenta de algo, ¿por qué no estaban dentro? Madre mía, ¿y ahora qué? Abrió la puerta del taxi y salió. Jeremy se acercó a toda prisa y ella susurró —¿Qué pasa?—Queda media hora.Perdió todo el color de la cara. —¿Qué?—Hay un funeral —respondió divertido—. Quien imprimió las invitaciones se equivocó en la hora.—Ay, Dios mío…—Sara… —Giró la cabeza lentamente para ver llegar a Michael que se acercaba y no estaba muy contento. Y su madre iba detrás vestida impecablemente con un vestido de gasa rosa palo y una pamela a juego. —Nena, hemos llegado temprano.Forzó una sonrisa. —Así nos conocemos un poco.—Mi abuelo se ha dejado la silla de ruedas en el coche y no tiene donde sentarse.En ese momento llegó el coche fúnebre y se puso tras ellos. —Mira, este sí que tiene transporte —dijo su suegra con mala leche.—Mamá, por favor…—¡Esto es inconcebible! —exclamó Rose antes de alejarse hacia su padre que estaba sostenido por su asistente.—Lo siento.—Mi jefe tiene un cabreo de primera —siseó mosqueadísimo.Quiso morirse. —¿Y eso?—Uno de tus amigos le ha insultado.Se llevó la mano al pecho de la impresión. —¿Y eso por qué?—¡Yo qué sé! Algo de que su mujer mata animales.Vio que la señora Williamsburg llevaba una estola de piel de zorro y gimió. —Ese ha sido Lewis.—Nena, controla a tus amigos.—Hablaré con ellos, ¿vale?—Van a fastidiarnos la boda.Se volvió para ir a hablar con su jefe y ella dejó caer los hombros. —Perfecto.—Tranquila, ya he hablado yo con ellos —dijo Jeremy acariciando su hombro.—Gracias.En ese momento varios hombres de negro empezaron a sacar el féretro. —Dios mío… —susurró su madre antes de santiguarse—. Mal fario, mal fario.—Tía no digas eso.Se apartaron para que metieran el féretro dentro del coche y ella gimió por la viuda que lloraba agarrada a dos adolescentes que era evidente que eran sus hijos. —Debía ser joven.Cuando se fueron, se quedaron ahí de pie mientras los floristas pasaban casi corriendo con los ramos de flores de colores que ella había encargado. Un jadeo de su suegra le llamó la atención y vio su cara de horror. —Le han encantado —dijo su prima divertida.—Eso es evidente. Ya verás cuando entre en el restaurante.—Vamos, vamos… Entremos en la iglesia —dijo su madre.Su suegro se acercó a ella y sonrió. —Chica, tú sí que sabes llamar la atención. —él le dio un beso en la mejilla. —Estás preciosa.—Siempre tan amable. —Le guiñó un ojo. —Esto ha empezado fatal, ¿eh?Su suegro se echó a reír mientras los invitados entraban en la iglesia. Su prima ordenaba a las damas de honor y las colocaba al lado de sus parejas, casi todos amigos de Michael. El novio en la puerta intentaba organizarlo todo y a ella le entristeció lo tenso que estaba. —La he fastidiado, está enfadado.—Qué va. Son los nervios y desaparecerán cuando diga sí quiero.—Eso espero.—¡Michael ven aquí!Mientras su suegro iba hacia su esposa, su madre la besó en la mejilla y pasó el dedo sobre ella para quitarle el carmín. —Me voy a mi sitio.—Gracias mamá.—¿Por qué?—Por soportarme estos días. He estado muy nerviosa con todo esto.—Me lo he pasado genial. —La besó de nuevo y casi salió corriendo.La camioneta de las flores desapareció y ella esperó allí sola a su suegro que la llevaría hasta el altar. Miró al novio que observaba a su madre que se acercaba a él en ese momento. Este le sonrió y ella cogió su brazo. —Mírame, cielo. No te enfades conmigo.Michael se giró sin mirarla una sola vez antes de entrar en la iglesia y a punto de llorar tragó saliva intentando no darle importancia. Eso no significaba que no la quisiera, solo estaba contrariado por todo lo que había pasado. Su suegro se acercaba y ella forzó una sonrisa, pero de repente Michael gritó alargando la mano. El impacto sobre el parabrisas fue brutal y volvió a sentir otro golpe sobre el techo del coche para caer sobre la acera antes de quedarse sin aire. Sara sin saber lo que había pasado intentó moverse, pero no pudo y asustada se dio cuenta de que le costaba respirar. Tosió y alargó la mano confundida. —¿Nena? —Con la vista nublada vio al novio arrodillándose a su lado y cogiendo su mano.—¿Cielo?—Te pondrás bien —dijo pálido y muy asustado antes de gritar —¡Una ambulancia!—No puedo… —Intentó respirar, pero casi no le llegaba aire y aterrada apretó su mano.—No hables, preciosa.No podía verle bien y sollozó. —Lo siento.Angustiado se agachó sobre ella. —No tienes nada que sentir. Todo está bien.—Te quiero. —Intentó respirar y al no poder apretó su mano queriendo aferrarse a él.—No, Sara… No me dejes. —El aire no llegó y su mano cayó sobre su vientre haciéndole gritar desgarrado de dolor. La cogió para abrazarla con fuerza. —Sara, no me dejes. Por favor, no me dejes… —Enterró su rostro en su cuello. —Te quiero, nena. Te querré siempre.Capítulo 2Sara caminó por la neblina. Sorprendida se miró los pies desnudos. ¿Y sus manoletinas? Estiró la tela de su vestido y vio que no llevaba el encaje sino una simple tela blanca. Parecía una túnica. Asustada levantó la vista y dio otro paso sobre aquel suelo que parecía hecho de algodón. Entonces se dio cuenta de que tenía un sueño muy raro o solo había otra opción. —Dios mío, ¿estoy muerta?—Pues sí. —Una anciana de cabello platino apareció a su lado sobresaltándola y esta sonrió. —Bienvenida, querida. —Hizo una mueca. —Menudo golpe, ¿te encuentras bien?—¿Qué ha pasado?—Te ha atropellado un coche. Un conductor que al parecer se dio a la fuga. Hay mucho cabrito por ahí.—¿Qué?—Una fatalidad.—¿Qué? —gritó más alto—. ¡Esto no es justo!—Ya, pero las cosas son así.—No había llegado mi hora. —Asustada se llevó las manos a la cabeza apartando sus rizos pelirrojos. —¡No había llegado mi hora! ¡Le había encontrado, me quería!La mujer apretó los labios mirándola con tristeza. —Lo sé, por eso digo que es una fatalidad. Un horrible momento para todos los tuyos que presenciaron tu muerte. Tu madre…—Dios mío, mi madre —Dos lágrimas corrieron por sus mejillas. —¿Cómo está?—Muy triste como es lógico, pero tranquila que ella no te vio morir, se desmayó en cuanto te vio en el suelo. No tenías muy buen aspecto.—¡Me lo imagino, me habían atropellado!—Oye, no te enfades conmigo, solo estoy aquí para ayudarte.—¡No ha llegado mi hora! —le gritó a la cara antes de sollozar—. Tenía toda mi vida por delante… A su lado…La mujer sonrió con tristeza. —Por eso voy a ayudarte.—¿Ayudarme? ¿Cómo si estoy muerta?—Ya, pero ella no. Todavía. —Miró hacia abajo y vio que el suelo se había despejado entre sus pies. Abajo del todo se mostraba a una mujer de su edad rodeada de máquinas con un tubo que le salía de la boca. —Se llama Monique y está a punto de que se acabe su tiempo.La miró sin comprender. —¿Y?—Pues que vas a entrar en su cuerpo y podrás regresar. —Sonrió encantada. —¿A que es una idea estupenda?—¡Es una idea de mierda! ¡No seré yo!—¡Niña! ¿Sabes lo que me ha costado convencerles?—¡Quiero mi cuerpo!—Eso no va a poder ser.—¿Por qué? —preguntó asombrada.La mujer hizo una mueca. —Tu funeral fue hace seis meses. Como comprenderás volver con tu cuerpo sería un poco raro.Dejó caer la mandíbula del asombro. —¿Seis meses? ¡Pero si me acabo de morir!—Me costó un poco convencerles, así que te mantuvieron en una especie de limbo mientras se decidían. —La mujer sonrió. —Pero a mí a machacante no me gana nadie.—Madre mía, madre mía, madre mía…—Además tu cuerpo no tenía arreglo. Ese sí.Volvió a mirar hacia abajo. —¿Qué tiene?—Tuvo un derrame cerebral y su alma… Digamos que quedó atrapada entre dos mundos y no quiere volver. Era monja, está deseando encontrarse con su señor. Por sus buenas acciones se lo van a permitir y eso es lo que vamos a aprovechar.Dio un paso atrás. —Estoy soñando, ¿verdad? ¡Todo esto es una puta pesadilla!—¡Niña, esa lengua!—¿Me he muerto de verdad? —preguntó sorprendida—. ¿De verdad?—De verdad de la buena.Se tambaleó a un lado. —Me estoy mareando. —De repente apareció una silla tras ella y se dejó caer. —¡Esto no puede estar pasando! —gritó medio histérica—. ¡Me iba a casar! ¡Iba a ser el día más feliz de mi vida!—Pues no empezó muy bien.La fulminó con la mirada. —¡No sé qué pasó con los coches!—Vale… —Cogió una silla que apareció de repente y se sentó a su lado dándole palmaditas en la mano. Sara la miró como si fuera un bicho raro. —Estás en shock, puedo entenderlo.—¿No me diga, señora?—Llámame Camilla.Se le cortó el aliento mirándola bien. —Es usted… La antigua dueña del piso de Michael.Sonrió radiante. —La misma. Veo que te han hablado de mí.—Cassandra no deja de hacerlo. La quería mucho.—Y yo a ella. ¿Cómo está mi niña?—Hace unos meses que no la veo. Está de gira con su marido, no podía venir a la boda.—Sí, está muy liada con tanto niño y sus libros. Además, no hay que desatender al marido.—Eso me dijo ella cuando me llamó para felicitarme por el anuncio de la boda. Y que no le quite ojo porque es mucho más guapo que yo y hay mucha lagarta suelta.—Esa lección se la di yo —dijo orgullosa—. ¿Y?—Y que no debo mostrarme celosa, pero que a veces es inevitable. Y algo de unas escaleras que no entendí bien.—Lo de las escaleras es muy práctico de vez en cuando. Cuando las necesites lo entenderás.—Ajá… Volviendo a lo mío…—Pues ahí la tienes, solo tienes que decir que sí.Miró hacia abajo de nuevo. —Parece entrada en carnes.—Hacía pasteles. —Hizo una mueca. —Tendrás que ponerte en forma.—Es morena, no se parece en nada a mí.Camilla cogió su mano. —¿Crees que Michael se enamoró de tu físico?Sollozó sin poder evitarlo. —Le encantaba mi pelo.—Seguro que le encantaban muchas más cosas de ti.—Eso decía. —Se limpió la nariz con la mano libre y de repente apareció ante ella un pañuelo. —Gracias.—Solo tienes que volver a conocerle y enamorarle. Ya lo has hecho antes, no es tan difícil.Hizo una mueca porque todavía consideraba un milagro que se hubiera enamorado de ella la primera vez. Si cuando la conoció pasaba tanto de todo que ni se depilaba las piernas. Todavía recordaba la mirada de satisfacción en su rostro cuando se la encontró un día en el ascensor y se dio cuenta de que ya no tenía pelo porque se había puesto un pantalón cortísimo mostrándolas casi enteras. En ese momento le robó el corazón del todo porque se acercó y le susurró al oído —Bonitas piernas. —Casi se desmaya del gusto dejando caer al suelo el maletín de arte que llevaba en la mano. Él rio por lo bajo y salió del ascensor sin mirar atrás. Tan guapo, tan elegante… Tenía a todas las féminas del edificio revolucionadas, pero había hablado con ella. Con ella. Es que casi ni se lo podía creer. Y así siguió durante unas semanas, pero un día algo cambió.Él hizo unas obras en su piso que casi la vuelven loca porque ella trabajaba en casa y después de diez horas de golpes decidió salir casi chocándose con él que había ido a visitar la obra. Estaba enfadadísimo porque los obreros se estaban retrasando y frustrado miró su carísimo reloj. —¿Quieres cenar conmigo? —preguntó ella tímidamente.La miró de una manera que le revolucionó la sangre. —¿Te has depilado?Sin aliento respondió —De arriba abajo. Casi.Él sonrió haciéndole temblar las piernas. —Es una invitación que no puedo rechazar.Y ya no se habían separado. Un milagro. Un auténtico milagro porque él fue enamorándose y dependiendo tanto del tiempo que pasaban juntos como ella. Recordó las risas, las conversaciones y la complicidad que habían compartido. Se conocían tan bien que se entendían con una mirada y había conseguido que pasara por alto todas sus meteduras de pata, todos sus despistes. —Eres una rareza en ti misma —le había dicho una vez después de hacerle el amor tan apasionadamente que supo que no podría amar a nadie más en la vida—. Y yo quiero algo único.Sus ojos se llenaron de lágrimas de la emoción y susurró que le amaba. Él sonrió y mostrándole un colgante con un diamante en forma de corazón dijo —Entonces tendremos que casarnos, no vaya a ser que te olvides de que me has entregado tu corazón y otro se te lleve. —Le guiñó un ojo. —Es para el cuello, ¿sabes? Así todos esos hombres verán que eres mía y no lo mancharás de pintura.Había chillado de la alegría abrazando su cuello. Las lágrimas corrieron por sus mejillas recordándolo y se llevó la mano al pecho, pero no estaba, su colgante no estaba. —Fue perfecto.Camilla sonrió con tristeza. —Lo sé. Lo he visto. Por eso no pensaba dejar que esto terminara así. Tienes que volver y solo tienes esta opción. Aún tienes una oportunidad. No te des por vencida.—No voy a darme por vencida. —Se levantó de la silla mirando hacia abajo. —¿Qué hago, me tiro?—Antes tengo que advertirte…La miró a los ojos. —¿Si?—No debes decir nada. A partir de ahora eres otra persona y si le enamoras tendrás que hacerlo como tu nuevo yo. No debes decirle la verdad. Pensaría que estás loca, está muy dolido por lo que ha ocurrido y si te sinceraras sería peor.Se mordió el labio inferior porque no sabía si sería capaz de guardar el secreto. —De acuerdo. Soy Michelle…—Monique…—Suena a francesa. —Camilla levantó sus cejas platino. —¿Soy francesa? ¡No sé francés!—¿Quieres dejar de quejarte?—Perdona si me han matado el día de mi boda y no lo llevo demasiado bien.La anciana chasqueó la lengua. —Mi Cassandra era mucho más dócil —dijo por lo bajo.—¿Qué?—¡Qué te tires ya!—¿Me tiro? —Miró hacia abajo. —Tiene pinta de que está muy lejos.—Estás muerta, ¿qué puede pasarte?Tomó aire. —Tiene razón, como mucho me caeré de la cama si esto es un sueño. —Estiró la pierna dejando el pie en el aire.—Un momento.La miró sorprendida y la mujer sonrió. —Dile a mi Cassandra que estoy muy orgullosa de ella.—Camilla, ¿dónde estás?Esta miró hacia atrás sonriendo. —Ya voy, amor. —De repente echó a correr a una velocidad impropia de su edad dejándola con la palabra en la boca y como por arte de magia desapareció.—Pero… —Miró el agujero y vio a aquella mujer allí al fondo. —Es un sueño, es un sueño y cuando te despiertes Michael te va a comer a besos como cuando soñaste que te perseguía una hamburguesa. —Tomó aire. —Bien, vamos allá.Sintió un miedo espantoso, pero en su mente apareció el rostro de Michael sonriéndole después de hacerle el amor y no lo pensó. Se dejó caer y cuando el fuerte aire le dio en la cara asustada abrió los ojos como platos gritando al darse cuenta de la velocidad a la que caía. Se iba a dar una leche de cuidado. Por instinto se cubrió la cara con los brazos y gritó desgañitada una y otra vez antes de parpadear viendo una peca enorme encima de la ceja de esa mujer. Porque era una peca, ¿no? Gritó del horror al ver que era una verruga gigantesca. ¡Iba a matar a la vieja! Cayó sobre ella y suspiró cuando todo se volvió negro. Bueno, ya estaba. Se volvió acomodándose y de repente sintió como si todo a su alrededor se ajustara. Frunció el ceño y levantó la mano llevándosela a la mejilla. ¡Menudos mofletes tenía! Intentó abrir los ojos, pero tenía los párpados pegados con algo. Mierda. Entonces lo sintió y se llevó la mano al cuello. Algo le obstruía la garganta. Ah, el tubo que había visto antes. Tranquila, puedes respirar. ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Dónde estaban los médicos? Se llevó la mano al párpado izquierdo y tocó el pequeño apósito quitándoselo con cuidado para abrir el ojo. Miró a su alrededor, estaba sola en una habitación con un enorme crucifijo delante. Hizo una mueca, a partir de ahora iba a tener que empezar a creer en Dios. Le había dado el gusto a su suegra casándose en una iglesia, aunque ella en el pasado no creía en nada de eso. Había que ver lo equivocada que estaba. De ahora en adelante iba a ser de esas que iban a misa todos los domingos, claro que sí. Llevó la mano a su otro ojo y se quitó la otra tirita que le impedía ver. Sí, estaba sola. Con esfuerzo se sentó en la cama. Uff, no tenía ninguna fuerza. Al verse esos rechonchos dedos de los pies y esas uñas que no habían visto una pedicura en la vida por poco le da un infarto. ¡Menudos mejillones! Tiró de la sábana hacia arriba para ver unos pelos negros como escarpias en unas piernas que tenían mucha falta de crema hidratante. Puso los ojos en blanco. Aquel cuerpo necesitaba mucho trabajo, mucho, mucho trabajo para que Michael la mirara dos veces. Se llevó la mano a la cabeza y jadeó al notar que tenía el cabello corto a lo chico. No, no lo tenía corto. ¡Tenía una zona en la que no había nada! Leche, ¿es que no había otra casi muerta en mejores condiciones? ¡Arreglar aquello iba a llevarle un tiempo precioso que no tenía!

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