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Reseña del libro El Titán novela

El argumento del libro El Titán novela :

El Titán novela pdfEl Titán novela pdf gratis descargar leer online joyreadContemporáneo
Giro argumental
Contraataque
De debilucho a fuerte
De pobre a rico
Inspirativo
Aventura
Billonario/Billonaria
Ricos
Yerno adoptado
Perdedor
Arrogante
Hombre súper poderoso
Mosquita muertaCapítulo 1En la Prisión Carmesí del Norte, localizada en el Desierto Sangriento, el viento y la arena formaban remolinos en el aire, parecía que trataban de inundar toda la prisión. Este lugar confinaba a los asesinos más sádicos de todo el mundo, estaban los asesinos seriales, que en su momento fueron los fugitivos más buscados, también el Carnicero de la Noche Lluviosa, quien asesinó de forma cruel e injusta a una familia de más de doce personas y los mejores hackers, que se infiltraron en el Santuario, también estaban recluidos ahí. Además, la prisión encarcelaba a los mejores asesinos que habían fracasado al tratar asesinar al líder de alguna nación en particular, pero eliminaron a más de una docena de fuerzas especiales antes de huir. Todos y cada uno de los criminales encerrados en ese lugar, tenían sangre de al menos una docena de vidas en sus manos. Por eso, sus piernas y manos estaban esposadas con pesadas cadenas de hierro. Frente a las celdas, había guardias armados hasta los pies, que vigilaban las veinticuatro horas del día, durante toda la semana. La seguridad era tan estricta, que ni siquiera una mosca podía escapar. Sin embargo, había una excepción. El hombre que parecía no haber matado nunca a nadie y que no tenía ni la más mínima pizca de un aura asesina. De he hecho, parecía como si hubiera sido encarcelado por error. No había cadenas en sus manos y pies, ni siquiera usaba el uniforme de los prisioneros. Nadie sabía su nombre, mucho menos el por qué fue encerrado en la prisión. Todo lo que sabían era que llegó a la Prisión Carmesí del Norte hacía un año sin ser escoltado por algún guardia. Y para su sorpresa, estaba la mirada en los ojos de los guardias de la prisión, que mostraba un leve indicio de respeto. ¡Toc! ¡Toc! ¡Toc! Un guardia golpeó en la puerta del hombre, sostenía una bandeja en sus manos. —Señor Galindo, le traigo su comida. —Está bien, déjala ahí. El hombre ni siquiera se molestó en levantar la cabeza, mientras jugaba con una Desert Eagle en sus manos. En menos de un minuto, él desensambló el arma y la volvió a armar a la perfección. La velocidad de sus manos era tal, que sería casi imposible vencerlo; incluso para el personal militar. —¡Es su último día en la Prisión Carmesí del Norte, Señor Galindo! El guardia bajó la bandeja, pero no se fue. —¿Pasó un año? Al fin, el hombre levantó su cabeza y reveló su semblante. Parecía ser muy joven, apenas en sus veintes, él estaba un poco bronceado. Lo único intimidante en él eran sus ojos, que eran como cuchillas filosas y frías carentes de emociones. —¡Sí! —asintió el guardia. El director ya viene de regreso del extranjero, aterrizará en una hora. —¿Por qué viene? —El hombre levantó sus cejas un momento. —Viene solo para despedirse. El director de la Prisión Carmesí del Norte había dirigido el lugar por décadas, pero nunca vio salir a alguien. En este lugar, él era tratado como un ser divino y lo dirigía como si fuera un rey supremo. Nadie se atrevía a contradecirlo, mucho menos a desafiarlo. No obstante, en este momento, se apresuraba a regresar del extranjero solo para despedirse. El hombre se burló, su mirada era mordaz. —¡Ah! Verme salir, ¡para nada! ¡Creo que quiere verme dejar este lugar con sus propios ojos! Mientras yo continúe en la Prisión Carmesí del Norte, no estará tranquilo. »Dile que no necesita venir a verme, si se tarda más de media hora. En ese caso, ¡qué regrese por donde vino! Después de decir eso, movió una mano con desdén y ya no le prestó atención al guardia de la prisión. —¡Comprendo, Señor Galindo! Bajando la cabeza, el guardia se fue. Poco después, al fin el hombre bajó la Desert Eagle en sus manos, su mirada se perdió un poco. «Es cierto, el tiempo vuela. Un año pasó en un abrir y cerrar de ojos. ¡Parece que es tiempo de que me vaya de este lugar infernal!». Media hora después, un hombre de mediana edad en uniforme militar caminó hacia la prisión. Al momento en que entró en el ruidoso lugar, este quedó en completo silencio. Ya no se pudo escuchar ni un solo sonido. Los presos, que por lo general eran salvajes y violentos, actuaron como si vieran algo terrible frente a ellos. Estaban tan petrificados que ni siquiera se atrevieron a mover un solo músculo. ¡Esa persona no era otra que el director de la Prisión Carmesí del Norte! Justo en ese momento, él, con mucha cautela, golpeó la puerta de la celda número cero. —Llego a tiempo, ¿o no Señor Galindo? El director se quedó afuera, no se atrevía a entra sin permiso. —Por un segundo llegas tarde. —Él hombre conocido como Señor Galindo lo miró, antes de mover una mano y arrastrar la palabra—. Entra. —¡Enseguida Señor Galindo! —El director con suma cautela abrió la puerta y entró—. ¿Cómo la pasó aquí durante este último año? —Aceptable —dijo el hombre con voz suave—. La comida ha sido bastante buena, pero es aburrido estar sin una mujer. ¡Qué asqueroso es estar con un grupo de hombres día tras día! —Señor Galindo, como usted sabe, no se permite ninguna mujer en esta prisión. —El director tenía una expresión de agravio. «¡Esta es una prisión, no un burdel! ¿Cómo se vería si dejáramos entrar de contrabando a algunas mujeres?». —Está bien, olvídalo. —El hombre le lanzó una mirada impaciente—. ¿Ya es hora? —¡Sí! —asintiendo, el director declaró—. ¡Señor Galindo, debe irse ahora! —Entonces, me voy. Tan pronto como el hombre había levantado una mano, el director dio un paso y le ayudó a levantarse del suelo. —Señor Galindo, ¿encontró el artículo que estuvo buscando desde hace un año? —No. —El hombre negó con la cabeza, su mirada era un poco fría. Un año antes, él llegó a esa prisión, que era la más peligrosa del mundo, de manera deliberada en busca de algo. Ya había pasado un año, pero no encontró nada todavía. Al instante en que salió de su celda, todos los prisioneros dentro cayeron de rodillas y bajaron la cabeza, ninguno dudó en hacerlo; era como si fueran sirvientes, que veían a su maestro, mientras temblaban de miedo. —Señor Galindo, ¿se marcha? —No pudo evitar preguntarle uno de los prisioneros. —¿Por qué? ¿Estás reacio a verme marchar? —Levantó una ceja el hombre. Los presos exclamaron al instante: —¡Por supuesto! ¿Cómo podríamos soportar verlo marcharse, cuando usted fue tan bueno con nosotros? —Entonces, ¿qué tal si me quedo? Probándolos, el hombre fingió retroceder un paso. Al momento, una punzada corrió por la columna vertebral de los presos y comenzaron a sudar frío. —No, Señor Galindo. Resoplando, el hombre replicó: —Bueno, ¡ya dejen de actuar! ¿Acaso no pueden soportar el verme partir? Al contrario, ¡creo que están ansiosos de ver cómo me voy! El primer día que llegó a la Prisión Carmesí del Norte, destrozó tres costillas de un preso. Al segundo día, rompió la pierna de otro reo. En menos de medio mes, ninguno de los prisioneros en ese lugar, se libraron de su agresión. Algunos minutos después, por fin el hombre salió de la prisión. La luz del sol era un poco deslumbrante. Afuera de la prisión, había un helicóptero que tenía bastante tiempo esperándolo. Tan pronto como estuvo a la vista, legiones de ejércitos uniformados se arrodillaron. —¡Guardias del Dragón Colmilludo, Guardias del Dragón Águila, Guardias del Dragón Espíritu y Guardias del Dragón Divino a su servicio Asura! —Pueden levantarse. —El hombre levantó su mano un poco—. Ha pasado un año. Lamento que tuvieran que esperar. —¡En lo absoluto! —Todos permanecieron arrodillados, no estaban dispuestos a ponerse de pie. —Estamos dispuestos a pasar el resto de nuestras vidas esperando por usted, ¡Asura! —proclamaron en voz alta. «¡Ha pasado un año! Hemos estado esperando por todo un año, ¡al fin ha valido la pena esperar este momento! ¡Asura ha regresado!», pensaron. El hombre levantó la mano de nuevo. —Está bien, levántense. Otra cosa, ya no soy Asura. —¡No! ¡Usted siempre será Asura! «En nuestros corazones, solo hay un Asura en este mundo, ¡hasta el fin de los tiempos! Y ese es Jonathan Galindo, quien una vez combatió y subyugó al mundo, ¡nunca perdió una sola batalla!».

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