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Cual es el argumento de Cornudo, Deseos salvajes I de DAVID LOVIA

La sinopsis de Cornudo, Deseos salvajes I de DAVID LOVIA

Cornudo, Deseos salvajes de DAVID LOVIA pdfCornudo, Deseos salvajes I (Saga Cornudo 5) de DAVID LOVIA pdf descargar gratis leer onlinedespués de el triunfo de el alquilador docente, revierte david lovia con el quinto y penúltimo cuerpo de la serie cornudo, que ya tiene miles de leyentes, sirviendo clase 1, en autoridad erótica, durante varias ciclos.para amantes de la intriga concedida y los juegos amorosos en seguida. cornudo, hipos salvajes i, es una novela que te va a saltar sin aliento desde la precedente plana, no indicada para todos los auditorios.“claudia no esquivo había follado con mortales, también había saboreado con una joven y la modo había sido tan productiva que había repetido acervos intervalos, inclusive en vanguardia de david, que se encontró cómo se lo levantaba con su mejor aproxima. el macho con mariola era fantástico, no sufría sobra que ver con hacerlo con un varón, el cuerpazo de ella era mórbido y observaba cómo acarrearla al cumbre con su juicio morbosa, endiablada y calenturienta”.lo que han ingeniosidad los profesores de cornudo;“es enojoso notar tanteo libros, páginas, apartados de disparejos semejantes individuos y que estos y sus santorales te procedan importando”“tanatos y david lovia son los supremos, con controversia, en esta enjundia. desde luego que sus ejemplares no se desprenden tibios a nadie”“si intentas a decir esta tradición ya no vas a influir retenerte hasta abordar al marginal…”“se planea de una runa genial el querencia, objetivo, vergüenza, deseo y la engaño consentida”“david lovia en ningún tiempo yerra, esta divida de cornudo es increíblemente morbosa y va ganando parte a capítulo”1Ojalá me hubiera equivocado, pero no lo hice. Sabía lo que iba a suceder en cuanto Claudia comenzara su nueva vida como consejera de Educación. Ya había pasado un mes desde que estaba en el cargo y nuestra vida sexual había caído en picado.Claudia tenía mucho trabajo, demasiado, y, además, estaba remodelando por completo el organigrama de la Consejería, nombrando nuevos directores generales, cambiando de puestos a la gente; en definitiva, poniendo las cosas a su gusto, dentro de los márgenes que le permitían desde la cúpula del partido.Había intentado rodearse de gente de confianza, proponiendo como asesor a Germán, el presidente del AMPA en el colegio de nuestros hijos. Al principio este fue muy reacio a aceptar, pero cuando le pusieron delante las condiciones del cargo, salario, horas, finalmente, se pidió una excedencia en su anterior trabajo para ser la mano derecha de Claudia.Otro al que tampoco le costó mucho convencer fue a Modou, iba a ser su conductor en el coche oficial que le ponían desde la Consejería. El senegalés dejó su taxi a otro compañero al que le pagaría los porcentajes por sus ganancias como chófer y, además, contaría con un muy buen salario fijo por llevar a Claudia a cualquier sitio que esta le pidiera.Yo intenté no agobiarla y apoyar en todo lo posible a mi mujer, los primeros meses en un trabajo nuevo siempre son muy duros y más si son de tanta responsabilidad como el que ocupaba Claudia. Ahora ni se me ocurría plantearle cualquier cosa relacionada con nuestra vida sexual, eso lo tenía claro, lo que me preocupaba es que Claudia llevaba unos días muy rara y no quería contarme qué es lo que le pasaba.No me gustaba que hubiera cambiado tanto en tan poco tiempo.Ahora estaba superobsesionada con el tema de la discreción y la última vez que me vio trabajando en las fotos que había hecho de los encuentros con Toni y Mariola, me dijo que tuviera mucho cuidado y que bajo ningún concepto me conectara a la red mientras lo hacía, ni con el ordenador ni con el disco duro en el que las guardaba.Eso era lo que me quedaba ahora, recrearme en las fotos que tenía. Había editado una preciosa colección de fotos artísticas en las que salía Claudia follando con Mariola y Toni. Las transformé en blanco y negro, cambiando tonos, contrastes, jugando con ellas, en definitiva, hasta completar una obra de doscientas maravillosas fotos que eran una exposición perfecta de mi cornudez.Las podría haber enseñado en una galería de arte, pegadas a la pared, y la gente habría salido encantada con la calidad del material. Y es que no era para menos.Yo mismo terminaba con una buena erección bajo los pantalones cada vez que estaba unos minutos con la edición de las fotos. Solo había pasado un mes desde la cita con Toni, pero cómo echaba de menos esos encuentros con Víctor, con Mariola, con el propio Toni… Deseaba que Claudia, una vez asentada en su puesto, retomara nuestra vida anterior, aunque sabía que iba a ser muy difícil que volviéramos a lo de antes.Por no decir imposible.Habían sido más de dos años en los que conseguí que Claudia se liberara progresivamente y a la vez que lo hacía fue ascendiendo en su trabajo, desde jefa de Estudios en el instituto, a directora, a pasar a un cargo importante en la Consejería y, finalmente, a consejera de Educación.Durante esos meses, Claudia fue probando distintas pollas, soltándose cada vez más, haciéndome un puto cornudo, y después de Toni consideró que se había cerrado el círculo, pues habíamos empezado nuestra nueva vida con él cuando nos conectamos con la cam.Incluso ni eso me quedaba ya, los encuentros virtuales con Toni24 también se terminaron. Qué bien lo habíamos pasado frente al ordenador, el muy cabrón llevó a mi mujer al límite y Claudia se había desmelenado por completo frente a la cam haciendo cosas que ni ella misma se imaginaba.Como decía, llevaba un mes en el que ni tan siquiera manteníamos relaciones sexuales entre nosotros. Había sido una descompresión muy brutal, pasando de quedar con Toni en el hotel para que se follara a mi mujer, a no hacer nada de nada. Me resultaba extraño que ahora Claudia, de repente, no tuviera ninguna inquietud por el sexo.Eso no tenía que ser muy sano.Por suerte para mí, Claudia sabía que estaba respetando su espacio y la noche del sábado me había prometido que me iba a compensar por todas estas semanas en las que casi su única preocupación había sido solo el trabajo.Y es que ese día nos reuníamos toda la familia. Los Álvarez. Y el acontecimiento no era otro que ni más ni menos que el cumpleaños de Claudia. Cuarenta años. Una edad perfecta, mi mujer pasaba de década y yo la encontraba en su mejor momento. Ahora todavía se cuidaba más que antes, cosa que era difícil, iba a la peluquería todas las semanas, a maquillarse, a hacerse las uñas, a comprarse ropa, zapatos, y cuando podía, hacía deporte, pádel, crossfit, body pump…Siempre asistía perfecta e impecable a todos los sitios.Físicamente parecía tener un pacto con el diablo. Estaba mejor, mucho mejor, que cuando empezamos a salir, era igual de guapa, pero ahora con esa belleza que te proporciona la edad y con un cuerpo más trabajado en el gimnasio, los brazos tonificados, la espalda fuerte, las tetas grandes e igual de firmes que cuando era joven, su pequeño culo cada año más redondo, prominente y duro, y unas fantásticas piernas que eran la envidia de cualquier mujer.155 centímetros de glamur, elegancia y saber estar. Y por la noche me había prometido ponerse detrás de mí y demostrarme quién era la que mandaba en casa.Pero antes nos juntamos toda la familia en uno de los mejores hoteles de la ciudad, era un día caluroso de junio y comíamos en los jardines de la parte de atrás. Poco a poco fueron llegando los invitados con bastante puntualidad y yo ya tenía preparada la cámara para mi reportaje fotográfico, como era habitual.Primero estuve haciendo fotos a Claudia y a las niñas al llegar al hotel, mi mujer se había puesto unos pantalones vaqueros azul oscuros muy ajustados, una camiseta morada de tirantes con unos brillos que le daban un aire muy elegante y unos zapatos con taconazo.Luego fueron llegando mis suegros, Carlota y su novio Manu y, por último, Pablo, Marina y sus cuatro hijos. Ya estábamos todos.Me gustaba ver a Carlota así de feliz, menudo cambio había pegado, no en cuanto a físico, que seguía igual de rellenita y estupenda, con sus magníficas tetazas que eran objeto de cientos de pajas por mi parte, me refería, más bien, a su estado de ánimo. Ahora estaba sonriente y de buen humor continuamente y tenía esa mirada que solo tienen las enamoradas. Llevaba un vestido veraniego largo de color verde que le sentaba fenomenal, muy de su estilo, y me dije que tenía que sacar varias fotos de ella para que fueran directas a mi colección privada. Su nuevo novio, Manu, tenía mucho que ver en el cambiazo de mi cuñada, a mí seguía sin caerme muy allá, me parecía una persona muy falsa, muy cortés con todo el mundo, siempre queriendo quedar bien, metiéndose en las conversaciones, intentando ser simpático, pero estaba claro que trataba fenomenal a Carlota, con continuos besitos y muestras de cariño, cosas que jamás había hecho su ex, Gonzalo.Apenas llevaban tres meses de relación y ya se habían ido a vivir juntos. Manu se acababa de instalar en el nuevo piso de Carlota. A mí me parecía demasiado precipitado, pues consideraba que llevaban poco tiempo juntos para dar un paso tan importante, también me chirriaba mucho la diferencia de edad entre ambos, pero quién era yo para opinar con respecto al amor que se tenían. Solo esperaba que les fuera muy bien.Y otra que estaba feliz era mi cuñada Marina, tan guapa y exquisita como siempre. Comenzaba a trabajar el lunes como presentadora de verano en un programa matinal de una cadena nacional. Iba a tener que viajar todos los días a Madrid en el AVE, pero se notaba la ilusión que le hacía ese trabajo. Se había puesto unos shorts marrones de vestir, con los que lucía sus fantásticas piernas, en los pies llevaba unas sandalias de cordones con un poco de cuña y una blusa blanca de manga larga que le daba un aire muy hippie a su look, pero a la vez elegante.Estuvo coleando una temporada en casa el asunto del reportaje fotográfico que le había hecho, aunque al final la cosa no fue a mayores. Claudia se quedó muy sorprendida cuando vio todas las fotos con las poses y ropa que se había puesto Marina, y no le faltaba razón. A mí también me tenía descolocado el comportamiento de mi cuñada aquel día, parecía que le gustaba jugar conmigo, y no era la primera vez, todavía recordaba el verano pasado cuando estuvimos en la casa rural y salió de la piscina a altas horas de la madrugada en toples y me mostró sus tetas sin ningún pudor mientras compartíamos una cerveza.De todas formas, yo estaba encantado y deseando repetir otra sesión de fotos cuando ella quisiera, había disfrutado mucho trabajando con Marina y aunque luego me había llevado un curro enorme poder editar cientos de fotos, al final el resultado fue espectacular. Me daba por pagado con los incontables ratos de satisfacción que me habían proporcionado esas fotos. No sé la de pajas que me había hecho con ellas, y las que me quedaban.Durante la comida, enseguida salió el tema del fin de semana familiar en una casa rural. De eso se ocupaba Carlota y nos dijo que el primer fin de semana de julio ya había reservado el mismo alojamiento que el año pasado; así que en un par de semanas ya teníamos lío.Y de repente salieron dos camareros con una preciosa tarta con el número 40 y todos empezamos a cantar el cumpleaños feliz. Claudia se puso de pie, sopló las velas y los niños la rodearon para abrazarse con ella. Luego le dimos los regalos, yo le había comprado unos bonitos pendientes de perlas, que sé que le encantan, y el resto de la familia le fue dando también los presentes.A Claudia siempre le había gustado ser el centro de atención, sin embargo, yo la seguía viendo rara, tenía un extraño rictus en la cara que no me acababa de convencer. No sabía si era por el trabajo o qué es lo que estaba pasando, pero conocía a mi mujer desde hacía muchos años y algo no iba bien.De eso estaba convencido.Y eso que no nos podíamos quejar, Claudia había llegado a ser consejera de Educación, los negocios empresariales de la familia marchaban mejor que nunca, Carlota estaba feliz con su nuevo novio, Marina presentando un programa en la tele, Manuel y Pilar, bien de salud y rodeados de sus nietos; todo era felicidad en los Álvarez. Excepto en Claudia.Los niños no tardaron en empezar a correr por los jardines del hotel y Manu se levantó a jugar con ellos. Todos se lanzaron encima de él y este trataba de escapar. Cuando lo hacía, los chicos le perseguían y desde la mesa nosotros nos reíamos viendo cómo jugaban, sobre todo Carlota, a la que se le caía la baba viendo a su chico jugar con sus sobrinos.Marina nos comentó un poco lo de su trabajo en un par de días, iba a sustituir a la presentadora durante el verano y era una oportunidad que podía suponer un gran trampolín para ella. Desde el lunes, sería conocida en toda España y se notaba que a Pablo no le hacía mucha gracia esta aventura de su mujer en Madrid; pero no dijo nada, no podía reprochárselo porque ella había sacrificado gran parte de su carrera para criar a sus cuatro hijos.Estuvimos en el hotel hasta bien entrada la tarde, llevamos a los niños a una zona de juegos que había allí, y todavía tuve tiempo para dar un paseo con Marina por los alrededores del hotel. Fue una pena que me dejara la cámara en la mesa porque le podía haber hecho alguna foto, aunque estuvimos hablando de su trabajo, se le notaba que estaba muy nerviosa, y yo la tranquilicé diciéndole que lo iba a hacer muy bien, y que su programa de la cadena regional era estupendo.Con el paso de los años, cada vez nos llevábamos mejor, y yo sentía una extraña atracción sexual hacia ella, siempre la había tenido y yo creo que Marina lo notaba. Las mujeres tienen un sexto sentido para eso; pero lejos de molestarla parecía que eso le gustaba y sus coqueteos conmigo me volvían loco. Era una situación delicada, porque en el fondo éramos familia, y yo sabía que esos tonteos, para ella, solo eran un juego y así me lo tomaba, pero me era inevitable sentir una tremenda excitación cuando estaba con Marina.No lo podía remediar y me encantaban esos ratitos que pasábamos a solas, no sé si era cosa mía, pero me daba la sensación de que Marina estaba falta de amigas a las que contar sus problemas o preocupaciones, se había centrado demasiado en la familia y ahora se sentía demasiado sola.Pasamos todo el día en el hotel e incluso picamos algo para cenar en los jardines, y ya cuando empezó a anochecer, nos marchamos para casa. Las niñas se quedaron dormidas en el coche y las subimos como pudimos a sus habitaciones entre Claudia y yo.Por fin me quedé a solas con mi mujer. Era el momento de celebrar su cumpleaños, pero antes quise hablar con ella.―Claudia, me tienes preocupado, no sé qué es lo que te pasa, pero algo no va bien, ¿me lo quieres contar?―No, David, todo está bien, de verdad, es que han sido unas semanas de mucho trabajo y estrés, pero poco a poco iré volviendo a la normalidad.―A mí no me engañas, ojalá sea solo eso del trabajo que me dices, aunque creo que hay algo más…―Anda, deja de preocuparte y ven aquí, te he tenido muy desatendido estos días… ―dijo Claudia acercándose para darme un beso a la vez que me sobaba el paquete―. Espérame abajo que ahora voy…Nervioso, cogí el portátil y lo puse sobre la mesita del salón, luego conecté el disco duro y abrí la carpeta que había preparado con especial devoción. No tardó Claudia en aparecer con un conjunto simple pero muy bonito. Llevaba unas braguitas blancas, muy pequeñas y sin ningún adorno, y el sujetador a juego, que luchaba por mantener dentro sus dos preciosas tetas. Se había puesto encima una especie de batín de seda de color gris claro y cuando se quedó delante de mí, tragué saliva.Eso sí, en cuanto ella vio el ordenador, se le cambió la cara.―No vamos a conectarnos con Toni…, ya te lo había dicho…―No, no es eso, solo quiero que veas una cosa… Y tranquila, que ya me he asegurado de no estar conectado a internet.Claudia se sentó delante de mí y yo abrí la carpeta de fotos de nuestros encuentros. En cuanto apareció la primera foto de Mariola y mi mujer manoseándose, Claudia se puso nerviosa.―¿Seguro que no está conectado?―Shhh, ven aquí…, tú solo disfruta. ―Y alargué las manos hacia delante rodeando su cintura para acariciar sus tetas.Despacio fueron pasando las fotos artísticas en blanco y negro que yo había editado, cada cinco segundos aparecía una nueva, los coños depilados de Mariola y Claudia cubiertos por mi corrida, las dos besándose, acariciándose, follando con el arnés, mi mujer intentando meterse en la boca el pollón de Toni, los cojones de él golpeando su coño mientras se la follaba.No habían pasado ni diez fotos y Claudia ya se estaba derritiendo de gusto.―Ufffff, ¡menuda polla tenía Toni!, ¿te gustó follar con él?… Y eso que no querías al principio…―Sí, me gustó hacerlo delante de ti, me encanta que me follen delante de mi cornudo ―suspiró echando la mano hacia atrás para sobarme el paquete.Yo metí los dedos por el elástico de sus braguitas y comencé a masturbarla, mientras, Claudia no dejaba de mirar las fotos. Ya movía las caderas ansiosa y su coño estaba húmedo como de costumbre. Desabroché su sujetador para dejarla desnuda de cintura para arriba.―¿Te acuerdas de todo lo que hemos hecho con Toni por la cam?… Mmmm… ¡qué pena que ya no puedas demostrarle lo zorra que eres! ―le susurré al oído para calentarla más.―Me gustó más quedar con él y que me follara mientras tú pajeabas tu patética pollita…―Mmmm, ¿ah, sí?―Pues claro, pero lo que más me gustó fue cuando se la pusiste dura para mí ―gimió Claudia abriendo y cerrando la mano sobre mi paquete―. Lo hiciste muy bien…―Joder, Claudia…―Llevabas mucho tiempo queriendo tocar una polla y al fin se cumplió tu sueño ―dijo doblando el brazo y pasándoselo por encima del hombro para acariciarme los labios con su dedo índice.―Lo hice por ti…―Sí, seguro, reconoce que tenías ganas de meneársela, mmmm…, y también te la metió en la boca, ¿no?―Uf, Claudia…―No me digas que ya te vas a correr, si todavía no te la he sacado del calzón ―me quiso humillar pegándome un par de sacudidas más fuerte por encima.―Ooooh, para…, despacio ―exclamé agarrando su brazo para que detuviera sus movimientos.―¿Ya estás así?, otro día que no vas a poder follarme, aunque, de todas formas, no te iba a dejar hacerlo, ¿tú te crees que después de probar las pollas de Víctor, de Jan y de Toni voy a dejar que me metas esa mierda?, debes estar de broma…; si hasta a Basilio se le ponía más dura que a ti…―Ahhhhhhh, Claudia…―¡Cornudo y putita lamepollas!, si es que lo tienes todo…―¡Claudia…!―¿Ya vas a correrte en los calzones?, pobrecito… Si es que no vales para nada… Ahora me voy a sentar en tu cara y vas a hacer que me corra con tu lengua, ¿me has entendido?―Sí…―Como no sabes usar la polla, has tenido que aprender a manejar la lengua…, aunque reconozco que eso sí lo haces bien… ―dijo metiendo el dedo en mi boca para que se lo chupara.―Mmmm…, mmmm…―¿Qué dices?, no te entiendo bien con una polla en la boca…, ja, ja, ja, ¡qué bien se te da hacer esto!, está bien, voy a dejar de tocarte para que no te corras, pero a partir de hoy vete olvidando de follarme, ¿me has oído?, no vas a volver a meterme esa pollita de mierda…―Sí, Claudia, me parece bien… lo que tú digas…―Y ahora túmbate, ¡cornudo!Me puse bocarriba en el sofá, Claudia se quitó las braguitas desnudándose por completo y pasó una pierna por encima de mi cabeza para ir descendiendo sobre mi cara. Enseguida me llegó el olor característico del coño de mi mujer cuando estaba excitada y se dejó caer restregándome su humedad por toda la cara.―¿Te gusta esto? ―se burlaba de mí moviendo su coño jugando conmigo.Yo saqué la lengua intentando penetrarla, pero Claudia no se quedaba quieta, hasta que se inclinó hacia delante y me plantó el coño en la boca. Justo donde a ella le gustaba. Se puso a moverse hacia delante y atrás cerrando los ojos e incrementando el volumen de sus gemidos.―¡¡Muy bien, sigueee, sigueeee…!!Estaba más caliente de lo que pensaba, porque no llevaba ni un minuto y ya estaba a punto de llegar al orgasmo, entonces se dejó caer hacia atrás apoyando las manos en mis muslos y mi boca encontró su clítoris, que ansioso comencé a lamer.―¡Ahhhhhh, qué bueno, eso esssss, muy biennnn!Y cerca del orgasmo me agarró la polla para pegarme unas cuantas sacudidas. Tampoco se tuvo que esforzar mucho. Yo ni tan siquiera me preocupé en avisarla, Claudia ya sabía que iba a durar un suspiro, y así ocurrió.Mi polla comenzó a escupir semen manchándome mi propio estómago a la vez que Claudia se corría también sin parar de gritar.―¡¡Ahhhhhhh, ahhhhhhhhhh, córrete, cornudo, eso es, córrete, putita mía!!Después se dejó caer hacia delante, dejando que mi lengua jugara con su coño un poquito más y ronroneando mientras se lamía los restos de mi corrida que se habían quedado entre sus dedos.―¡Muy bien, cornudito!, has echado una buena corrida… Ufffff, cómo lo necesitaba…Ya más relajada, se tumbó a mi lado y nos quedamos mirando. A pesar de haberse corrido, seguía viendo esa especie de preocupación reflejada entre sus ojos. Entonces, no sé por qué, Claudia se derrumbó y comenzó a llorar desconsoladamente, yo me quedé un poco sorprendido y tan solo la abracé dejando que sacara toda esa tensión que llevaba dentro. Cuando terminó de llorar, me miró fijamente y me dijo.―¡No puedo más con esto, David!, tengo que contarte una cosa muy importante…215 días antes.Como cada mañana, Modou pasó a buscar a Claudia por casa, el senegalés se bajó para abrir la puerta de atrás y saludó a su jefa con un «Buenos días». Era su chófer en el coche oficial que le habían puesto a Claudia en la Consejería.Modou iba muy elegante con un traje azul marino y una camiseta oscura debajo de la americana. Estaba encantado con su nuevo trabajo; no solo le proporcionaban el vestuario, tenía un muy buen sueldo y el horario se ajustaba un poco a las exigencias de la consejera. En principio, su labor era ir a casa a por Claudia y luego recogerla en el trabajo a última hora de la mañana, pero también tenía que estar disponible cuando ella lo necesitara, por si se tenía que quedar hasta tarde o incluso hacer algún viaje de fin de semana. Aun así, le compensaba con creces.Claudia se bajó del coche al llegar a la consejería y le dio las indicaciones pertinentes a Modou.―Puedes irte a casa, luego ven a recogerme a las dos y media…―De acuerdo.Se hacía el silencio cuando la veían entrar, ahora era la que mandaba en el edificio, los miembros de seguridad la saludaban casi con una reverencia y Claudia notaba la mirada de todos los trabajadores a su paso. Cogió el ascensor hasta la última planta, que era donde tenía su despacho, y una vez allí se sentía más tranquila.En esa planta había un par de despachos de los directores generales y de sus asesores, el resto del pasillo estaba completamente vacío. Al llegar ya estaba trabajando su secretaria personal, Azucena, era la misma que estaba con el anterior consejero, pero Claudia había decidido mantenerla porque era muy trabajadora, eficiente y le era de gran ayuda en su nuevo puesto.Entró en su flamante despacho y tenía tanto trabajo que no sabía ni por dónde empezar. No habían pasado ni cinco minutos y Azucena ya le había llevado el café y le había dejado una hoja con las tareas más urgentes y la agenda del día. Estaba en todo.Apenas llevaba dos semanas en el cargo y ya estaba desbordada, Claudia se preguntaba todos los días si no le vendría grande ese puesto, habían sido unos días de mucha locura, con reuniones, nombramientos de directores generales, reestructuración de la Consejería, llamadas, informes económicos… y un sinfín de tareas y de burocracia que no la dejaban descansar ni un segundo.Sobre las once, tuvo un rato libre, estaba tan atareada que casi ni se había fijado en el despacho en el que estaba, era grande, muy moderno y no le había hecho ninguna modificación desde que estaba en el cargo. Llamó a Azucena que entró presta y estuvieron dándole una vuelta para cambiar alguna cosa, Claudia quería una silla nueva, poner otra mesa, cambiar un par de cuadros, fotos distintas, que hubiera plantas de colores, y dentro de la formalidad del despacho quería darle un toque menos sobrio. Azucena tomó buena nota y se puso a ello.El tiempo había pasado tan rápido que Claudia no había tenido ni consciencia de dónde se había metido. Se tomó unos minutos para respirar y desconectar, y fue ahí cuando cayó en la cuenta de que llevaba casi quince días sin tener un orgasmo. Demasiado para ella.Pasó de dejarse follar por Toni en la lujosa habitación que había reservado su marido a estar tan ocupada con su trabajo que no había podido ni pensar en sexo. Quizás era un descanso que le iba a venir bien, en los dos últimos años se había metido en una espiral de lujuria y vicio que por un lado deseaba dejar atrás, pero por otro lado le gustaba tanto hacer todas esas cosas tan sucias con el consentimiento de su marido…Incluso ponerle los cuernos de verdad, como con Lucas en el coche, los viernes por la noche en aquella oscura y abandonada calle del polígono industrial donde se veían a escondidas. En ese momento se puso a recapitular los hombres con los que se había estado. La lista empezaba a ser considerable, Víctor, Jan, Toni, Basilio, Lucas.Había follado con los cinco, no solo eso, les había chupado la polla, se había comportado con ellos como una auténtica fulana, se habían corrido encima de ella, por su cuerpo, en su cara, en su boca, se la habían metido en toda clase de posturas, alguno incluso había probado su culo. Cinco hombres ya, y muy distintos entre ellos.Además, estaba Gonzalo, su excuñado, que había sido el primero en masturbarla delante de su marido, los juegos que se había traído con el viejo director don Pedro, al que terminó chupándosela en su despacho, y por último su mejor amiga. Mariola.No solo había follado con hombres, también había probado con una mujer y la experiencia había sido tan satisfactoria que había repetido varias veces, incluso delante de David, que presenció cómo se lo montaba con su mejor amiga. El sexo con Mariola era fantástico, no tenía nada que ver con hacerlo con un hombre, el cuerpazo de Mariola era suave y sabía cómo llevarla al límite con su mente morbosa, perversa y calenturienta.Necesitaba urgentemente verse con ella.Y no solo con ella, tenía que buscar un hueco para quedar con don Pedro, al que le había prometido, una vez asentada en el cargo, llamarle para invitarle a cenar en su casa. Pensando en todas esas cosas, comenzó a excitarse, era la primera vez que lo hacía en su nuevo despacho de consejera de Educación.Llamó a Azucena y le dijo que no la molestara nadie en diez minutos, que tenía que realizar una llamada personal. Cogió el teléfono y marcó el número de Mariola a la vez que se desabrochaba el pantalón vaquero.―Holaaaa, pero bueno, ¿qué es de tu vida?, que me tienes abandonada ―contestó Mariola.―Sí, estoy de trabajo hasta arriba, ya te imaginarás…―Supongo que no tienes ni un rato para tomar un café o jugar un partido de pádel.―Vale, te prometo que la semana que viene me organizo y quedamos para jugar, ahora estoy yendo por las tardes al gimnasio, si te animas a venir algún día a crossfit o a body pump.―Hecho, así nos vemos… y afino un poco, que ya tenemos el verano encima.―Si a ti no te hace falta, que ya estás perfecta.―Pues lo mismo que tú, cabrona.―La semana que viene hablamos y nos ponemos al día…―De acuerdo, que seguro que tenemos muchas cosas que contarnos…―Ciao.―Ciao, un beso.Mientras hablaba con Mariola, estuvo jugueteando con sus dedos por encima de las braguitas, no se había levantado a cerrar la puerta de su despacho, le daba más morbo saber que alguien podía abrir y pillarla masturbándose, aunque esa posibilidad era remota, pues antes de entrar cualquier persona siempre recibía una llamada de su secretaria, y si era ella la que entraba, tocaba con la mano y no accedía al despacho hasta que Claudia se lo permitía.Aun así siempre quedaba esa pequeña posibilidad de ser pillada, abrió las piernas y se apartó las braguitas para llegar directamente hasta su coño, era la primera vez que se iba a hacer un dedo en su nuevo despacho. Subió una mano para acariciarse las tetas por encima de la camisa, y notó la humedad entre sus piernas.Cerró los ojos fantaseando con don Pedro, se preguntó qué le parecería al viejo, su mentor, si pudiera verla así en esos momentos. En principio, cuando quedara con él, iban a cenar en el jardín de su casa, junto con sus hijas y su marido, pero podría planear algún otro tipo de encuentro, cenar a solas con él y David y quién sabe lo que podría ocurrir cuando pasaran los tres al salón a tomarse una copa mientras charlaban tranquilamente.Se apretó con más fuerza los pechos al pensar en Modou, era una especie de fantasía salvaje la que tenía con él, su chófer negro, siempre educado, atractivo y a su servicio, con el que se lo montaba en la parte de atrás del coche oficial. Se imaginaba que el senegalés tendría una enorme polla de chocolate que ella estaría encantada de probar y después montarse sobre ella.Echó la cabeza hacia atrás mordiéndose los labios, ya estaba gimiendo en bajito y el dedo que tenía entre las piernas chapoteaba en su coño a punto de llegar al orgasmo. Se desabrochó un botón de la camisa para meter una mano por dentro y apretar con fuerza sus calientes pechos. Luego se detuvo en seco, con la respiración acelerada y trató de calmarse.Quería pasar el resto del día excitada y cachonda. Había cambiado de idea.En ese estado estuvo hasta que llegó la hora en la que había quedado con Modou, se despidió de Azucena y bajó deprisa al parking. Puntual ya la estaba esperando con el coche en marcha y el aire acondicionado puesto. Por lo general, le gustaba sentarse detrás de él, así podía tener un poco más de intimidad.Mientras Modou la llevaba a casa, fingió que recibía una llamada de teléfono y esa fue la excusa para bajar una especie de mampara con los cristales tintados que había entre la parte delantera y la trasera. Era la primera vez que la usaba y al hacerlo se sintió segura y protegida de miradas ajenas, pues el resto de cristales también estaban tintados.Todavía le duraba el calentón de la mañana y se abrió el pantalón para meterse la mano por dentro, le daba mucho morbo tocarse en el coche oficial, sabiendo que Modou iba conduciendo y pudiendo ver al resto de la gente desde su ventanilla. Esta vez no se cortó, incluso se desabrochó la camisa y se quedó con ella abierta y en sujetador, mientras se masturbaba. Apoyó un pie en el asiento, y clavando el tacón de sus zapatos en el cuero a la vez que se abría de piernas, se introdujo un dedo en el coño moviendo las caderas al ritmo al que se acariciaba.No sabía muy bien lo insonorizada que estaba la parte de atrás, así que tampoco gimió muy alto, tampoco era plan de poner cachondo a Modou. Llevaban poco tiempo trabajando juntos y ya habría ocasiones más adelante para calentar al senegalés.Aceleró el ritmo de su paja sabiendo que no le quedaba mucho para llegar a casa, y fantaseó con que Modou abría el cristal que los separaba y la espiaba a través del espejo retrovisor. Levantando las caderas del asiento, llegó al orgasmo acariciándose con rabia los pechos que tenían la marca de sus dedos y se quedó así hasta que llegó a su casa.Modou no sabía qué hacer cuando paró el coche, no podía ver a Claudia que estaba oculta en la parte trasera y tampoco se atrevía a invadir su intimidad abriendo la puerta trasera como solía hacer normalmente. Ni por lo más remoto se imaginaba que Claudia se estaba abrochando los botones de la camisa después de haberse hecho un dedo.Cuando terminó de recomponerse Claudia bajó el cristal tintado y ya fue cuando Modou, al ver que había finalizado la llamada, se bajó del coche para abrirle la puerta. Se fijó en que su jefa parecía llevar un botón de la camisa desabrochado y que estaba acalorada, aunque, quizás, solo eran imaginaciones suyas.A partir de ese momento, Claudia supo que cada vez que se subiera a ese coche iba a tener la oportunidad de masturbarse en la intimidad, con el morbo añadido de que Modou estaría tan solo a unos metros de ella sin saber lo que estaba pasando.Al día siguiente Claudia había quedado con Germán, que era uno de sus asesores en educación, le había costado convencerlo para que aceptara el puesto y Claudia supuso que detrás de la negativa a trabajar con ella estaba Natalia, su mujer. Era una pija insoportable con la que había tenido cinco hijos y que le tenía firme como una vela, y ese era uno de los motivos por los que a Claudia le gustaba tanto provocar a Germán cuando estaban los dos juntos en el AMPA.A pesar de todo, sus intentos por tener cualquier escarceo con Germán siempre habían sido estériles, y este se había mantenido fiel a la pija de Natalia. No era ese el motivo por el que Claudia le había elegido como asesor, Germán era aplicado, trabajador y muy inteligente. Ella sabía que tenerle a su lado iba a ser un gran acierto en la Consejería y necesitaba rodearse de gente de confianza.Le había habilitado un pequeño despacho en su misma planta y Germán acudía a trabajar cada día aunque no hiciera falta. La idea de Claudia era reunirse con él un par de veces a la semana y, además, le gustaba ver alguna cara amiga en el trabajo.Tocó en la puerta de Germán y se presentó en su despacho a media mañana, al momento apareció Azucena con un par de cafés y Claudia le dio las gracias.―Deja eso, anda, vamos a tomar un café tranquilamente… ―le pidió a Germán.Estuvieron veinte minutos haciendo una breve pausa y comentando cosas del trabajo y después Claudia se despidió de él. Se fue de su despacho caminando bien despacio para que Germán se quedara mirando su culo. Ya sabía que con él no tenía ninguna posibilidad, pero se lo pasaba muy bien provocándolo. Más de una vez le había hecho sudar en el pequeño despacho del AMPA, cuando le había puesto una mano en la pierna o acercándose a él más de lo que dicta el protocolo.A última hora de la mañana entró Azucena en su despacho, le enseñó la agenda con las reuniones que iba a tener la semana que viene y le recordó la sesión de fotos y la entrevista para el suplemento de un periódico de tirada nacional. También llevaba varios sobres con correspondencia, entre los que destacaba uno grande y marrón que no tenía remite.―Esta carta no sabemos de quién es, pero la hemos pasado por el escáner de seguridad y no es peligrosa ―dijo Azucena.―Está bien, déjala aquí, luego revisaré el correo…Claudia siguió trabajando y de repente se quedó mirando ese gran sobre marrón que no sabía quién se lo mandaba y le entró curiosidad por ver lo que había dentro. Abrió el paquete y solo contenía una foto en tamaño estándar de 10×15. En cuanto vio la foto, casi le vino un ataque de pánico, se le aceleró el corazón, le temblaron las manos y le entraron ganas de llorar. Miró dentro del sobre, pero no había nada más y otra vez miró la foto.No podía ser.La instantánea estaba tomada a unos cincuenta metros, era de noche y estaba lloviendo, y tan solo se veía a lo lejos un Renault Clio azul y más adelante el coche de Claudia aparcado en la oscura calle del polígono. No se apreciaba nada más, pero estaba claro que el que había hecho la foto sabía que Claudia estaba dentro del Clio aunque no se la viera.Alguien estaba queriendo llamar su atención y estaba claro que lo había conseguido. De momento no le habían pedido nada, pero Claudia no era tonta, aquello olía a chantaje que tiraba para atrás. Su idílica vida de consejera de Educación apenas había durado dos semanas.Claudia sabía que estaba metida en un buen lío y que esas fotos, tarde o temprano, acabarían saliendo a la luz en lo que iba a ser un gran escándalo para ella y para su familia. Lo malo es que no podía hacer nada, solo esperar a que el que hubiera hecho esa foto se pusiera en contacto con ella. No sabía a ciencia cierta quién podría estar detrás de todo ese asunto tan turbio, pero podía hacerse una idea.Tampoco había que ser muy lista.3El día había amanecido espectacular, una mañana soleada y agradable sin que hiciera demasiado calor. Víctor se puso su mejor traje y se presentó así en la boda de Judith. El muy cabrón los tenía cuadrados, había que ser muy cretino para ir a la boda de la chica que te estabas follando a espaldas de su novio.Pero él no tenía la culpa. Era ella la que lo había invitado.Llevaban viéndose a escondidas mucho tiempo, más de dos años en los que Víctor había hecho de todo con la voluptuosa enfermera. Le gustaba su cuerpazo, las curvas que tenía, ese enorme culo, sus generosas tetas y las pequitas de su cara; y lo que más le ponía era el vicio que tenía Judith. No le decía que no a nada.Habían probado todo lo imaginable e inimaginable con ella y no había dejado lugar, rincón o agujero sin probar. Sexo salvaje, 69, anal, azotes, lluvias doradas… y muchas horas de encuentros prohibidos en el apartamento de Víctor y cualquier sala del hospital.Los compañeros de Víctor se lo quedaron mirando sin acabar de creerse la desfachatez del médico, no era oficial, pero todos los trabajadores del hospital habían escuchado los rumores de que el médico mantenía un affaire con Judith. Y ella tampoco es que tuviera mucho cuidado en ocultarse, la habían visto salir muchas veces del despacho de Víctor o de la sala en la que él pasaba las guardias. Incluso más de uno había escuchado los gemidos de Judith mientras Víctor se la follaba a altas horas de la madrugada.No tardó en llegar el novio de Judith y cuando lo vio, Víctor sintió compasión por él; el pobre cornudo ni se imaginaba la zorra que tenía en casa.Luego estuvo compartiendo las fotos de su hija con el resto de compañeros, en lo que llegaba la novia. Le felicitaron por el nacimiento de María y les estuvo contando un poco su nueva vida en Menorca y en la posibilidad de irse a vivir allí definitivamente. Víctor se situó junto a Teresa, la jefa de enfermeras de su planta, que venía acompañada de su marido, Salvador.Era, posiblemente, su mejor amiga dentro del hospital, e incluso con ella también había tenido una pequeña aventura la noche que ella fue a su apartamento y terminó haciéndole una paja. Para tener cerca de sesenta años, Teresa estaba muy guapa y se había puesto un escote muy sugerente, era lo mejor de su anatomía, unas increíbles y jugosas tetas grandes que no pasaron desapercibidas para ninguno de los invitados.―¡Madre mía, Teresa!, cómo vienes hoy, mantén a tu mujer vigilada toda la noche, Salvador, que no respondo, eh… ―le dijo de bromas Víctor, sabiendo que ella le había contado a su marido lo que había pasado entre ellos.Diez minutos más tarde de la hora apareció Judith, el novio ya estaba muy nervioso y sonrió cuando la vio bajarse de un bonito carruaje acompañada de su padre. Víctor tenía que reconocer que Judith estaba preciosa vestida de novia, con su cuerpo blanco y lleno de pecas. Llevaba un vestido con escote palabra de honor muy ajustado a su cuerpo y la falda suelta y amplia para disimular sus caderas, en un vestido simple, pero que le sentaba como un guante. En el pelo se puso un adorno muy bonito de flores que hacía que Judith todavía estuviera más guapa.Al pasar la novia a su lado sintió las miradas de sus compañeros de hospital clavadas en él, y Víctor no pudo evitar una erección cuando vio a Judith agarrarse de la mano de su novio para entrar juntos en la iglesia. Hasta Teresa le dio unas pequeñas palmaditas en la espalda, menudo papelón el de Víctor, ella sabía que solo él era capaz de hacer algo así. Lo conocía desde hacía tantos años que no le sorprendía en absoluto.En el hospital se había enrollado con muchas, muchísimas compañeras, más de una y más de dos, casadas, o con pareja…; incluso en la boda había otra médica que había tenido una aventura con Víctor unos cuantos años atrás, por lo que nadie estaba libre de pecado cuando aquel seductor andaba cerca.La ceremonia fue muy bonita y Víctor se salió fuera cuando escuchó el sí quiero de ella. Con toda la tranquilidad del mundo se levantó y abandonó la iglesia por el pasillo central para que todos lo vieran bien. Le importaba una mierda que lo miraran el resto de compañeros; de hecho quería mandarles un claro mensaje.«Yo soy Víctor, el que se folla cuando quiere y como quiere a la que se acaba de casar».No tardaron en salir los novios recién casados de la iglesia, y uno a uno les fueron felicitando, hasta que le tocó el turno a Víctor. Sintió cómo le observaban detenidamente sus compañeros de trabajo cuando le dio dos efusivos besos a Judith.―¡Enhorabuena, estás muy guapa! ―Y acarició su espalda de modo cariñoso.Judith apenas reparó en él, como si fuera uno más, y Víctor volvió con Teresa y Salvador, con los que iba a pasar el resto de la boda. La pareja de recién casados se estuvo haciendo fotos con los invitados a la puerta de la iglesia y Víctor esperó pacientemente su turno para hacerse una instantánea con ellos. Le pasó su móvil a un familiar y se puso al lado de Judith agarrándola por la cintura para que les hicieran la foto a los tres, luego volvió a darse dos besos con ella y le estrechó la mano al novio.Después cogió el coche para ir al hotel donde se celebraba el convite y el posterior baile. En el trayecto fue pensando en lo guapa que estaba la enfermera pelirroja y en lo que le gustaría tener un escarceo sexual con ella en su día más señalado, aunque sabía que era muy difícil.Habían fantaseado con eso muchas veces cuando estaban a solas, aunque Judith ya le había dejado bien claro que no iba a hacer nada con él. La otra posibilidad que tenía para esa noche era Teresa, la jefa de enfermeras siempre le había dado mucho morbo y le había llamado la atención su generoso escote. La presencia de su marido hacía que todavía le pusiera más intentar algo con ella.No podía asistir a la boda, cenar, echarse una copa, un baile y volver a casa como los otros invitados. No, él no era como el resto, siempre tenía una necesidad insana de ligar, de llevarse a la cama a una mujer, de follársela, y si estaba casada, mejor que mejor.¿Y qué mayor reto había que follarse a la novia en el día de su boda?Por si acaso le fallaba ese plan, tenía una alternativa. Hacérselo con Teresa, con el aliciente de que su marido estaba delante. Pensando en todas esas cosas, se fue poniendo caliente e incluso se acarició el paquete varias veces antes de llegar al hotel.Decidido, se bajó del coche y en cuanto entró en los jardines cogió una copa de vino de la bandeja de uno de los camareros que pasaba. Estuvo charlando un rato con un par de colegas del hospital y después se acercó a Teresa cuando vio que esta se quedaba sola. Realmente era la única amiga de verdad que tenía esa noche.―Te veo muy sola.―Ha ido Salvador al baño.―Por nosotros ―dijo Víctor estirando la copa para brindar con ella.Teresa se lo quedó mirando con cara de circunstancias y estuvo a punto de decirle algo, aunque finalmente no lo hizo.―¿Pasa algo? ―le preguntó Víctor.―No pensé que fueras a venir hoy…―¿No?, ¿por qué?, no me gusta perderme una buena boda…―Lo tuyo es increíble…―¿A qué viene eso?―Ya lo sabes, cariño…, hay que ser muy cabrón para presentarte aquí hoy…―Cada uno es como es…―Dime una cosa, ¿qué piensas cuando ves al novio?, ¿tienes algún cargo de conciencia o algo por el estilo? ―le preguntó Teresa.―Sinceramente, no, lo único que pienso es que me gustaría follarme a su mujer, que, por cierto, hoy está preciosa… Lo mismo que tú…―¡Eres incorregible!, ¿puedo hacerte una pregunta?―Sí, claro.―¿Os habéis visto recientemente?―No, la última vez fue antes de irme a Menorca.―Pensé que cuando te hicieras padre ibas a cambiar, al menos un poco, pero veo que no…―No tiene nada que ver una cosa con la otra… Ya sabes que siempre me han gustado las mujeres casadas, como tú, por ejemplo.―Víctor, no empieces…―Además, lo mismo podría decirte yo a ti, con tu discurso moralista, ¿qué sientes cuando estamos Salvador, tú y yo, juntos?, te recuerdo que le pusiste los cuernos conmigo ―le dijo en bajito al oído.―Eso es distinto, ya sabes que Salvador tiene unos gustos…, digamos particulares, y yo no le he ocultado nada, sabe perfectamente lo que pasó en tu apartamento.―¿Ah, sí?―Sí.―Mmmm, ¿y te gustaría repetirlo hoy?, tú también has venido muy guapa, llevas un escote muy sugerente…―¡Víctor, por favor!, no seas infantil…Justo en ese momento regresó Salvador del baño.―Hombre, Salvador, menos mal, porque ya estaba intentando ligarme a tu mujer, le decía a Teresa que hoy ha venido muy guapa… Luego os veo, creo que estamos juntos en la misma mesa ―le dijo apretando su brazo a modo de saludo antes de irse a hablar con otro compañero.Un rato más tarde llegaron los novios que se habían hecho el reportaje fotográfico y fue el momento de entrar a cenar. Lo de estar en la mesa con Teresa había sido una petición que Víctor le había hecho a Judith para no encontrarse demasiado solo toda la noche y al parecer la pelirroja había accedido a las pretensiones de él.Mientras estaban sentados en la mesa, Víctor cogió el móvil y estuvo viendo las fotos que le habían hecho junto con la pareja de recién casados en la iglesia. Editó la foto recortando al novio y quedándose él solo con Judith. Se les veía a los dos sonrientes y su mano en la cintura, peligrosamente cerca de su culo. Luego se la mandó por whatsapp a Judith.Víctor 21:13Hoy estás muy guapa… Enhorabuena.El convite transcurrió con normalidad, estuvo toda la noche hablando con Teresa sin dejar de mirar descaradamente su escote, delante de su marido, mientras iba vaciando copas de vino. Cuando terminó el postre, se dio cuenta de que quizás se había pasado un poco con el alcohol, no estaba muy acostumbrado a beber, aunque al parecer no era el único. El marido de Judith empezaba a llevar una borrachera importante, y si seguía bebiendo a ese ritmo, no iba a aguantar toda la noche.―¿Ahora me aceptas un baile, no? ―le preguntó a Teresa.―Por supuesto, a ver qué tal se te da, no tienes pinta de moverte muy bien…―Lo mismo te sorprendo, oye, Salvador, ¿no te importa que saque a tu mujer a bailar, verdad?―No, faltaría más, casi mejor, yo soy muy malo para esas cosas…Cuando ya se estaba levantando todo el mundo para ir la zona de fiesta, Víctor se disculpó con la jefa de enfermeras y su marido y les dijo que se iba al baño, aunque en realidad se acercó a la recepción del hotel. Su plan no era otro que reservar una habitación. Hizo el pago y en cuanto le dieron la llave ni tan siquiera subió a comprobar cómo era.Solo quería un sitio para follar.Ahora le faltaba una mujer para llevarse allí, y tenía dos claras candidatas. Teresa y Judith. Volvió a la sala de fiesta y en ese justo momento Judith y su novio estaban haciendo el primer baile. A partir de ahí ya sabía que empezaba el alcohol y el desenfreno y que la gente no iba a estar tan pendiente de sus movimientos.Se tomó una copa con Salvador y Teresa en la barra y cuando sonó el primer pasodoble, sacó a la pista a Teresa.―Con tu permiso ―le pidió a su marido.Agarró la mano de Teresa con delicadeza y pasó la otra por detrás para apoyarla en su espalda. Víctor no es que fuera un gran bailarín, pero se defendía, tenía unos movimientos muy sincronizados y se deslizaba suave por la pista, como si hubiera dado alguna clase o alguien le hubiera enseñado.―Pues no lo haces nada mal ―le dijo Teresa―. No dejas de sorprenderme.Justo se cruzaron con Judith, que estaba bailando con otro chico que debía ser un primo de la pelirroja, y Víctor se lo quedó mirando casi sin prestar atención a lo que acababa de decirle Teresa.―Perdona, ¿qué decías?―Que no lo haces nada mal, aunque ya veo que estás más pendiente de la protagonista que de mí…―Anda, no digas tonterías…, estoy encantado de bailar contigo, de hecho, esta noche me gustaría hacer algo más que bailar.―Víctor, ¿ya empiezas?―Pues claro, ¿te molesta que te diga estas cosas?―Un poco sí, a veces no sé si estás bromeando o no…―Con estas cosas no suelo bromear, no he olvidado lo que pasó entre nosotros en mi piso, nunca me habían tocado así… ¿Alguna vez fantaseas con aquello?―Fue algo que sucedió y ya está, lo pasamos muy bien, pero fue eso, una sola vez…Víctor miró hacia abajo para deleitarse con el escote de Teresa, llevaba toda la noche haciéndolo y estaba claro que ella se había dado cuenta, aunque no le había dicho nada.―Hoy estás tremenda con ese vestido, es que no puedo dejar de mirarte las tetas…―Me alegro de que te guste…―Me gustaría pegarme más a ti, ¿le importaría mucho a tu marido si lo hago? ―le preguntó Víctor acercándose peligrosamente hasta casi rozar sus cuerpos.―No creo que le moleste a Salvador, más bien al contrario, tiene que estar encantado viéndome bailar contigo.―Mmmm, me encanta escuchar eso ―dijo Víctor pegándose un poco más.Ahora sí, sus cuerpos entraron en contacto y Teresa sintió el miembro duro del médico bajo los pantalones, no podía creerse que ya estuviera empalmado solo por bailar con ella. Era todo un halago por su parte y se sintió atractiva a su edad, sabiendo que todavía podía calentar a un seductor como Víctor. La situación era ciertamente excitante, bailando juntos mientras su marido no les quitaba ojo desde la barra.―Ni te imaginas cómo me estoy conteniendo para no bajar la mano y tocarte el culo…―¡Víctor!, no lo estropees, ibas muy bien hasta ahora…―Mmmm, tranquila, no iba a hacerlo.―Tampoco te iba a dejar.―Por favor, Teresa, sé comportarme con toda una señora, aunque no he podido evitar excitarme, lo siento… ―le dijo al oído y pegándose a ella para que sintiera lo duro que estaba.―Ya me había dado cuenta.―Entonces, tu marido sabe lo que pasó entre nosotros, ¿verdad?―Sí, se lo conté aquella noche…―¿Y le gustó?―Mucho, muchísimo, siempre ha tenido esas fantasías, le vuelve loco que otros hombres me deseen…―¿Y por qué no le haces hoy un regalo?―Ya te lo dije la otra vez, esa época ya pasó, fue algo que nos estuvimos planteando una temporada, pero ya no…―Nunca es tarde, me encantaría hacer de todo contigo, Teresa, hoy sería una buena oportunidad, ¿sabes que he reservado una habitación en el hotel?―¿En serio?―Y tan en serio…―Solo tendrías que ir donde Salvador y decírselo, sabes que te diría que sí y a mí eso me da mucho morbo, os dejo que lo hagáis a vuestro gusto, si él quiere quedarse abajo esperando, puede hacerlo, y si quiere venir a la habitación con nosotros a mirar, tampoco me importaría… De hecho, casi me gustaría más, que nos viera follar juntos…―Vale, Víctor, te estás pasando… Será mejor que vuelva con Salvador, empieza a hacer calor aquí.―Ya lo creo que hace calor, aunque me encanta estar así de pegado contigo, no veas cómo me estás poniendo… Quédate un poquito más, por favor…―Hasta que acabe la canción…―Habitación 111, está bien cerquita, en la primera planta, yo me voy a tomar una copa más y me subo a esperaros.―No vamos a ir, Víctor.―Habla con Salvador, hoy puedes cumplir su mayor fantasía… y la mía.―Anda que no eres embaucador tú ni nada, ¿así que tu mayor fantasía es estar conmigo?―Una de ellas sí, nos conocemos desde hace muchos años y siempre me has dado morbo, sinceramente…, me encantaría follarte delante de tu marido.―Uf…, qué directo eres…―Recuérdalo, habitación 111, tu marido sigue ahí, mirándonos, ¿tú crees que estará excitado?―Seguro que sí…―¿Y tú?… Yo no hace falta que te conteste, ya puedes notarlo… Y también el calor que desprendes.―Entonces, ¿para qué quieres que te conteste?―Me gustaría que me dijeras que te pone estar así conmigo… Me está volviendo loco sentir tus pechos contra mi cuerpo.―Ya, Víctor, se ha terminado la canción…―Ooooh, ¡qué pena!―Me vuelvo con Salvador…―Yo estaré por aquí un poco más y luego… habitación 111. Os estaré esperando…―Será mejor que te deje solo, deberías subir tú solo, te vendrá bien darte una ducha de agua fría…Teresa negó con la cabeza y volvió junto a su marido sin decir nada más. Víctor se acercó a la barra, pero la que estaba enfrente, quería que el matrimonio hablara a solas sin su presencia. Se había puesto muy cachondo bailando con la jefa de enfermeras, siempre le había gustado esa mujer, a pesar de la diferencia de edad, y aquellas enormes tetas le volvían loco.Casualmente, se acercó el novio junto con unos amigos. El pobre llevaba una borrachera considerable y Víctor le dio la mano.―Ha estado genial la boda, ¡enhorabuena!―Gracias, tío, pero no sé quién eres…―Soy Víctor, médico en el hospital donde trabaja Judith…―Aaaah, vale, muy bien, pues pásalo bien, tómate una copa a mi salud ―dijo el pobre insensato.―Por supuesto.Le hizo gracia cruzar unas palabras con él, el pobre no tenía ni la más remota idea de que su mujer llevaba más de dos años follando con aquel desconocido que se le acababa de presentar en la barra del bar. De todas formas, en cuanto Judith los vio hablando, se acercó a ellos, tenía miedo de que Víctor pudiera decirle cualquier cosa fuera de lugar; aunque cuando llegó, ya habían dejado de charlar.―Hola, Víctor…, ¿qué tal lo estás pasando?―Pues muy bien, aunque espero pasarlo todavía mejor…―Ya veo que has conocido a mi marido.―Sí, es muy majo…―Hola, cariño ―dijo el chico girándose al darse cuenta de que Judith estaba detrás de él.―Hola, bueno, este es Víctor.―Sí, nos acabamos de conocer.―¿Te importa si saco a bailar a tu mujer? ―le preguntó Víctor.―No, claro que no, adelante… ―contestó el novio besando a Judith en la boca.Víctor hizo un gesto de cortesía para acompañar a Judith hasta la pista de baile poniendo la mano sobre su espalda. Luego comenzaron a bailar lento casi sin decirse nada, aunque se podía notar la tensión sexual en los dos; además, notaron la mirada del resto de compañeros del hospital, que no les perdían ojo.―¿Qué te ha parecido la boda?―Muy bonita, y tú estás…, uffffff, preciosa…―Me alegro de que te haya gustado.―He reservado una habitación en el hotel.―¡Víctor, aquí no!, por favor, están mis padres, mis tíos, primas, mis amigos, te lo pido por favor…―Tranquila, no voy a hacer nada fuera de lugar, pero ni te imaginas la empalmada que llevo solo por bailar así contigo…―Pues así te vas a quedar.―Sé que solo tengo un par de minutos para convencerte, luego ya se vería muy raro que volvieras a bailar conmigo… Es mi última oportunidad, vamos, no te costaría nada, di que tienes que subir a la habitación para cualquier cosa y te pasas por la 111, allí te estaré esperando, está aquí cerquita, en la primera planta…―Joder, Víctor, no… no me hagas esto…―Reconozco que hoy he bebido más de la cuenta y que estoy muy cachondo, pero apenas van a ser diez minutos.―Víctor ―gimoteó Judith intentando escapar de él.Le daba igual que lo miraran el resto de compañeros de hospital, incluso se fijó en que Teresa y su marido estaban muy pendientes de ellos también. No quiso acercarse tanto como con la jefa de enfermeras mientras bailaba, y mantenía una distancia prudencial con el voluminoso cuerpo de la pelirroja.―Hoy estás preciosa… Venga, yo no voy a estar mucho más tiempo… Voy a subir a la habitación y en cuanto te puedas escapar allí te estaré esperando, recuerda, la 111…―No voy a ir, Víctor.―Sí lo harás…, estás deseando que te folle, como habíamos hablado, yo seré el primero que te la meta después de que te hayas casado, ¿no te da morbo eso?, además, tu marido no tiene mucha pinta de que vaya a poder hacer nada hoy, ¡mira cómo está! ―dijo señalando hacia él mientras hacía el payaso en la pista de baile junto a sus colegas.―Víctor, tengo que irme, pásalo bien ―insistió Judith separándose de él.―111…Unas primas se la llevaron para hacerse unas fotos en una especie de photocall gracioso que habían montado, y Víctor regresó a la barra junto con Teresa y Salvador. La mirada que le dedicó ella casi lo fulminó. Se había dado cuenta de que el médico estaba jugando a dos bandas y que le acababa de entrar a la novia en el mismo día de su boda.La desfachatez de Víctor no tenía límites.Se puso al lado de Teresa y le dijo al oído.―¿Pudiste hablar con Salvador?―No hay nada de qué hablar, ya te lo dije antes… Aunque, por lo que veo, no pierdes el tiempo, seguro que has intentado algo con Judith también, ¿verdad?―No te puedo engañar, me conoces muy bien…―Lo tuyo es increíble, y dime una cosa, solo por curiosidad, ¿y si aceptamos las dos subir a tu habitación? ¿Qué habrías hecho?―Mmmm…, interesante pregunta, ni tan siquiera me la había planteado, porque no creo que vengáis ninguna, pero me encanta que me la hayas hecho, eso es que al menos se te ha pasado por la cabeza follar conmigo…―Salvador está deseando hacerlo, pero yo no… no voy a acostarme contigo, Víctor…―No tenemos por qué acostarnos, podemos besarnos delante de él, que vea cómo te acaricio, estaría deseando tocar esas tetas mientras él se masturba, y si te apetece, me haces una paja como el día que estuvimos a solas en mi apartamento… ¿No te gusta la idea?, no vamos a tener otra ocasión como esta… Bueno, tú piénsalo bien, tomaos otra copa y os estaré esperando… Ya me voy…, bueno, Salvador ―dijo estrechándole la mano―. Ha sido un placer volver a verte, y a ti, Teresa, si no te veo más, seguimos en contacto, la semana que viene regreso a Menorca.―Pues pásalo bien y disfruta de tu niña… Hablamos.―Hazlo por tu marido, lo está deseando, mira qué cara tiene el pobre ―le susurró cerca de su oído para que Salvador no pudiera escucharlo.Antes de salir de la sala de fiesta echó una última visual, Judith estaba en la pista de baile con unas amigas haciendo una especie de conga y ni tan siquiera reparó en que se iba. No quiso acercarse a ella para despedirse. Lo que tenía que decirle ya se lo había dicho.Ya solo le faltaba esperar.Se fue hasta su habitación y se sentó en la cama, desaflojándose la corbata y soltando el último botón de la camisa. Respiró tranquilo y echó un vistazo a su alrededor, la cama era grande y la habitación, moderna y espaciosa. Ni tan siquiera se había llevado un pijama para dormir y se sintió ridículo en ese momento.Era consciente de que iba a ser muy difícil que Judith, o Teresa y su marido fueran a visitarlo. Las posibilidades eran mínimas, y aun así, tenía alguna esperanza. Confiaba en su poder de convicción, se había follado a muchas otras mujeres, incluso en situaciones más inverosímiles, y por muy descabellado que pudiera parecer, siempre cabía esa posibilidad.Y no era por falta de ganas de ellas. Había notado como el cuerpo de Teresa estaba caliente, igual que el suyo, y la mirada sumisa de Salvador, deseando presentarse en la habitación del hotel para ver cómo Víctor se follaba a su tetona esposa; y luego estaba Judith, que en su día más señalado se había mojado por completo mientras este le decía el número de habitación y lo deseoso que estaba por metérsela.Antes de acostarse se pegó una ducha de agua caliente para despejarse, el alcohol, los bailes y los intentos de ligar con Teresa y Judith habían hecho que estuviera bastante cachondo y se sobó la polla bajo el agua, aunque no se quiso correr por si acaso, después se secó con calma y se desnudó por completo para meterse en la cama. Estuvo unos minutos ojeando el móvil y cuando se le empezaron a cerrar los ojos, lo dejó en la mesilla y se quedó dormido.Le sobresaltaron unos tímidos golpes en la puerta, se despertó sorprendido y miró la hora, eran las 3:45, apenas habían pasado treinta y cinco minutos y tuvo que levantarse de la cama para ver quién era el que llamaba.Desnudo se acercó a la puerta con el corazón latiéndole deprisa. ¿Quién sería? No tenía ni idea. Y cuando abrió, se encontró a Judith, que seguía llamando insistentemente, para que nadie pudiera descubrirla en el pasillo.―Soy yo… ―susurró cuando el médico se sorprendió por su presencia.Sin perder el tiempo, Judith entró en su habitación con el traje de novia puesto y le dio un beso en la boca. La polla de Víctor no tardó en reaccionar y ella se la empuñó comenzando a pajearle a toda velocidad.―Te voy a matar, cabrón…, ufff, encima sales así, desnudo… Tenemos cinco minutos… ―dijo Judith poniéndose de cuclillas delante de él para chupársela.―Ufffffff, ¡qué morbo!, esto sí que no me lo esperaba, joderrrrrrr ―exclamó Víctor cuando la lengua de la pelirroja le acarició el prepucio.Judith abrió la boca y se metió dentro la gruesa polla de Víctor, comenzando a chupársela en medio de la habitación. Ni tan siquiera quiso preguntarle cómo había logrado escaparse de su propia fiesta. Le daba igual. El caso es que allí tenía a la novia haciéndole una mamada el día de su boda.Guio sus movimientos poniendo la mano sobre su cabeza e intentó llegar con su polla lo más profundo que podía. Judith apenas estuvo un minuto y se puso de pie incorporándose para apoyar las manos en el colchón y sacar el culo hacia fuera.―¡Vamos, date prisa!, quiero que me folles, cabrón…Nunca le había dado tanto morbo levantarle el vestido a una mujer como aquella noche con Judith. Era ni más ni menos que su vestido nupcial, con una falda larga y preciosa, y le costó hasta que llegó a ver las blancas braguitas de la enfermera. De un solo tirón se las bajó, dejándoselas por la mitad de los muslos y le colocó la polla entre las piernas.―Todavía no me creo que hayas venido a verme el día de tu boda, sabía que eras muy puta, pero no pensé que tanto…―¿No querías ser el primero en follarme?, pues aquí me tienes ―le dijo Judith con voz de guarra abriéndose las nalgas con una mano.La polla de Víctor entró en ella con absoluta suavidad, casi deslizándose en aquel coño húmedo que lo esperaba impaciente. El gemido de Judith tuvo que escucharse en toda la planta del hotel, pero no pudo remediarlo. Para ella era también muy excitante que Víctor se la follara ese día tan señalado, se había levantado convencida de que iba a pasárselo en grande y ni tan siquiera se le había pasado por la cabeza acostarse con él. Hasta que lo vio.Y allí estaba, en su habitación, de pie y dejándose follar desde atrás sin condón. Enseguida cayó en la cuenta de la situación y entre gemidos le pidió.―¡No te corras dentro!―Mmmm, ¿y qué pasaría si lo hiciera?, ¿también te gustaría que te preñara?, menudo inútil con el que te acabas de casar…, parece que hay que dárselo todo hecho a ese niñato…Judith se quedó quieta de repente, no le gustaba que Víctor insultara así a su marido, pero seguía en la misma postura recibiendo los pollazos insistentes del médico, sin poder evitar derretirse de gusto.―¡No te corras dentro, te lo digo en serio!―No pensaba hacerlo… ―dijo Víctor soltándole un sonoro azote en su nalga derecha y dejándole marcados los dedos en su blanca piel.―¡¡Ahhhhhgggggg, Diossss!!―¡Cómo te gusta esto, puta!Empujó un poco a Judith para que se subiera a la cama y esta se quedó expuesta a cuatro patas. Miró hacia atrás, con cara de viciosa, recogiéndose ella misma la falda de su vestido de boda.―¡Métemela por el culo! ―le rogó a Víctor.―Mmmm, ya veo que vienes fuerte…, ¿tantas ganas tienes de follar?, pues, tranquila, que te vas a ir de aquí bien folladita, porque me da a mí que a tu marido esta noche no se le levanta ―dijo dejando caer un salivazo entre sus dos glúteos.Apoyó el glande en su ano y, haciendo una ligera presión, fue desapareciendo poco a poco en el culo de Judith, que intentaba relajarse para que no le doliera esa enorme polla en su recto. Estaba acostumbrada a que se la follara por detrás, pero antes tenía que trabajársela un poquito, semejante verga era jodida de recibir sin unos previos en condiciones.A pesar de las prisas, la polla de Víctor entró hasta los huevos y estuvo sodomizando a Judith tres o cuatro minutos sin importarle los gritos que soltaba la enfermera. Era una puta gozada follársela por el culo con el vestido de novia puesto.Era una de las cosas más morbosas que Víctor había hecho con una mujer.―¿Te gusta, puta?, dime que prefieres mi polla antes que la de tu maridito…―Ahhhhhh, síííí, prefiero tu polla antes que la suya…―Mmmm, me encanta cuando dices esas cosas y estás tan cerda como ahora, ¿la mía es más grande?―Síííí, mucho más, y más dura también…―Eso no lo dudo, y hoy no creo que ni tan siquiera va a poder follarte, pero por eso no te preocupes, vas a salir de aquí con todos los agujeros bien abiertos…―Ahhh, sigue, sigueee, fóllame más fuerte…―Ufffff, no puedo follarte más fuerte, joder, te estoy dando lo más duro que puedo ―dijo Víctor agarrándola con ganas por la cintura y embistiéndola como un animal a toda velocidad.Los cuerpos de los dos chocaban en una perfecta sinfonía, y a unos pocos metros todos bailaban en la sala de fiestas sin tener ni idea de dónde se encontraba la novia.―¡No puedo más, voy a correrme! ―gruñó Víctor sin bajar el ritmo.―Ahhhhhhh, sigueeee, sigueeeee…―No puedo más, Judith…―Me da igual, córrete dentro, ahhhhhhh, pero no pares, joder, ¡¡córrete dentro de mi culo!!―Síííí, síííííííí…Con un último golpe de cadera, Víctor comenzó a vaciar sus huevos dentro de Judith. Era su otro regalo de boda. Una abundante y caliente corrida espesa que la iba a acompañar el resto de la noche. Se quedó unos segundos acariciando la blanca piel de Judith, mirando cómo se le había quedado marcada la mano con tan solo un azote.Tenía la piel tan sensible.Judith ronroneaba debajo de él sin dejar de mover el culo suavemente de lado a lado, buscando exprimir hasta la última gota de Víctor.―Ufffff, qué bueno, no pensé que fueras a venir…―Ni yo tampoco, pero estaba caliente y con ganas de que me follaras… y al final no me he podido resistir, no sé qué me pasa contigo ―dijo Judith sentándose en la cama―. No puedo quedarme más tiempo, tengo que irme ya…―Espera un momento…, ven aquí…, apoya el pie izquierdo en la cama, por favor.No sabía qué es lo que se proponía Víctor ahora, pero ella le hizo caso. Como siempre. Y subió el pie en la cama como le había pedido el médico. Este levantó su vestido despacio, recreándose en ese acto, y luego tiró de la liga azul que ella tenía sobre el muslo. La otra la habían cortado en trozos para venderla entre los invitados de la boda.―No, Víctor, no puedes quedártela, es la única que me queda…―Lo sé, pero quiero que lleves algo mío también…―¿Te parecerá poco lo que…?―Shhh ―dijo Víctor sacándole la liga por el pie y después limpiándose la polla con ella.

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